lunes, 25 de abril de 2016

¿Será posible...?


                                          ¿Será posible…?

En Málaga suceden cosas inauditas. Sentado la calle Larios tomando una cerveza, vi circular por el pavimento una especie de cabra barbuda con paso corto y rápido. Nadie parecía extrañarse.
Salí tras ella dispuesto a seguir al bicho y ver donde iba tan decidido. Se paró en un escaparate, echó una ojeada continuando su marcha. Esperó la luz verde en un semáforo, cruzó dirigiéndose a una puerta corneándola repetidamente.
Un portero uniformado le franqueó cortesmente la entrada. Me quedé de piedra…

Alguien me explicó: “No se alarme se trata de Lolo, el chivo mascota del Tercio Duque de Alba de la Legión….”








miércoles, 30 de marzo de 2016

Desvaríos

Resulta que,en la ciudad que dicen de mejor clima del mundo, está ahora mimo cayendo una chupa de agua de padre y muy señor mío, acompañada de un cielo color gris deshonesto, con soplido incluido. Uno,no acostumbrado a tal meneo, habrá de cambiar el paseo bajo el sol vespertino, que dicen ser más benigno, por la visita a la chocolatería del barrio que está calentita y guarnecida.
Parece ser que el gobernador del mundo opta, de vez en cuando, por unbuen lavado de cara al mismo con habitantes incluidos que buena falta nos hace...
Esperemos que pasado el evento, MI Playa de las Canteras y MI Puerta de Alcalá,allí también llueve, reluzcan como se merecen para regocijo de sus admiradores.
Bueno, con este motivo he escrito algo. Perdonen...

lunes, 15 de febrero de 2016

El tren de la fresa.

                                        El tren de la fresa.


No sé si conocéis el tren de la fresa. No hace mucho en compañía de otro matrimonio, realizamos en el citado una excursión a Aranjuez desde la estación de las Delicias de Madrid.
  Empezaré por decir que este antiguo tren hace el recorrido citado en días y horas determinados de primavera y otoño. Está formado por vagones de la época arrastrados por una máquina de vapor, data de tiempos de Isabel II, y es la segunda línea de ferrocarril inaugurada en España. El recorrido de apenas 40 Kms. dura una hora y está amenizado pos muchachas campesinas que reparten entre los viajeros bandejas con los clásicos y sabrosos fresones de Aranjuez. Son destacables sus asientos de tiras de madera, su difícil acceso mediante peldaños algo elevados  y su bamboleo en sentido lateral que te baja los garbanzos hasta los calcetines…
Una vez en el Real Sitio, donde nos trasladó un autobús desde la estación, procedimos a visitar sus Jardines, el del Rey, del Príncipe (Fuente de Apolo), Parterre e Isla, amén del Museo de falúas. Almorzamos de maravilla en un sencillo restaurante, degustando los espárragos y fresones del lugar y por la tarde visitamos el Palacio Real. Todo maravilloso en una villa donde se respira aroma a jardines y una paz asombrosa y que luce por su trazado perfecto entre los ríos Tajo y Jarama.
   Regresamos por la misma vía al atardecer ya cansados por el palizón, pues todo lo queríamos ver y todo nos encantaba.
Recomiendo esta visita y me uno a la respuesta de aquel escritor al que le preguntaron qué le pareció aquella ciudad. Tras meditarlo un instante respondió pausadamente:

“Aranjuez es…amor…”

Hasta otra.


viernes, 29 de enero de 2016

Unos Reyes Magos rarísimos...



Por fin aparecieron en la gélida calle SSMM a  cumplir su contratada actuación respecto a los más pequeños y algún que otro grande tal vez.
La alcaldesa lucia su peludo abrigo, de ser auténtico único signo animal permitido en el acto, ya que al parecer tanto los camellos como las ocas han sido jubilados sin contar con los interesados, es decir con los niños. Embutida en el citado les ha dado su agnóstica bienvenida previo despeje de todo símbolo de majestad, vestidos con aires Rappeleños y Amerlinados con menos porte que los de la baraja. Por supuesto los niños del colegio de marras no se asomaron, pero imagino las preces y deseos invocados hacia su apreciada edila.
En fin que en Madrid nos van cambiando todo poco a poco, los generales sin calles, los colegios sin cruces, los cafés sin periódicos y habrá que tener cuidado con el cocido, los callos, los churros, los merengues y los colchoneros, so pena que nos lo llamen Madrid el Soso.

Ya lo decía don Sebastián, aquel castizo de la Verbena: ¡Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad...!

Algo especial...


Me he bajado del autobús en la Puerta de Alcalá. Durante algunos instantes y aprovechando los cortes de circulación he traducido , tal vez por cuarenta-ava vez los numeros romanos que indican su construcción. Nada menos que en 1778 siendo Sabatini su constructor. Los querubines en sus alturas, quiso el artista que representaran las cuatro virtudes: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, detalle que alguien me explicó hace muchos años, su abertura central estaba destinada a la familia real, las laterales a la corte y las extremas al resto. A tal fin fue destinada una de las cuatro antiguas puertas de la ciudad, ésta lo fué también pecuaria, en la plaza de la Independencia. La reunión de las calles Serrano, Alcalá, y Alfonso XII con la puerta principal del Retiro en esta plaza, hacen que tenga una especial animación y relevancia.
Después he dirigido la vista hacia Cibeles, a sus laterales El Paseo del Prado y Recoletos, al fondo la bifurcación de Alcalá con Gran Vía. Este cuadro siempre ha sido la imágen mental de mis recuerdos de infancia; la fuente de agua gorda, en el lateral del antiguo Correos, continúa pero sin fluido, ¡cuántas veces me refresqué en ella...!
Me he permitido reflejar este pequeño recuerdo de uno de los lugares más significativos de mi tierra natal, con la natural satisfacción de haberlo visitado una vez más y la esperanza de que todavía pueda repetirlo en el futuro, si es posible.
Es algo especial para mi...

viernes, 15 de enero de 2016

Ordenadores mudos

 Mi ordenador no hace ruido alguno y eso me tiene mosca. Si realizara el tableteo que orquestaban las máquinas de escribir de antaño, seguramente me libraría de ser interrumpido con tanta frecuencia por mis allegados, que pensarían: “dejémosle, que está trabajando…” Incluso pudiera ser que el tecleo instara a pensar a la vecindad, “debe haber un escritor entre nosotros…”. Pero nada de esto acaece, no hace ruido alguno, se limita a reflejar mis relatos sin el más mínimo comentario, acepta sin rechistar mis correcciones y al final me muestra el producto para mi aprobación o deshecho. Es frío e impávido no dice absolutamente nada, ni aplaude ni censura. ¡Hombre…, yo tampoco espero una ovación cerrada a cada intento de relato! Tampoco un abucheo, por supuesto, pero podía estar programado al menos para animar al ejecutante, admitiendo su esfuerzo. Con un “¡adelante que la cosa mejora…!”, o algo así, me conformaría, pero que si quieres arroz… Por eso he decidido escribir bajo la influencia de alguna música, alguna melodía de esas que te levantan la moral y al pairo de sus sones, y tras las oportunas correcciones, estimo correcto pulsar el “guardar”, obviando el “eliminar”. La letra impresa, independiente de la calidad de lo escrito, es fría, insensible, no transmite afecto ni ilusión, Habrá que inventar el libro sonoro. Por todo ello querido lector, si alguna vez te viene bien, te agradecería que me enviaras alguna postal, cualquier postal, escrita a mano… No hace falta que me digas nada interesante, tan sólo quiero ver tu palabra manuscrita. ¡Me haría tanta ilusión…! -------------------------------

De escaparates.

 Yo recuerdo que in illo tempore mi progenitora salía con alguna de sus amigas y, honrándome con su compañía, alguna que otra vez fui castigado a algo terrible: “Ir de escaparates”. Se trataba de una lenta procesión cuyo objetivo era contemplar uno a uno, salvo raras excepciones, todos los escaparates a tiro, para lo cual se elegían las calles más comerciales. Generalmente el hecho se prodigaba los lunes, pues los comercios cambiaban los fines de semana sus balcones al público. Como quiera que el horno no estaba para bollos…, constituía una distracción gratisdata al alcance de todos los bolsillos, pero que resultaba un tormento para el que suscribe, que prefería jugar a las chapas. Bien, pues en conmemoración del pasado, el otro día repase los escaparates de una calle de la ciudad que habito. Llamó poderosamente mi curiosidad, el lujo, la pomposidad y boato de un establecimiento dedicado a cocinas. Exhibía el mencionado tres salones-cocina, a cual más relumbrante, armarios de apertura automática, electrodomésticos de tecnología punta, cristales pavonados, acero inoxidable, incluso dos taburetes con forma de setas. El precio, mejor ni preguntarlo, aquello parecía de otra galaxia. Quedé impresionado por tanta belleza doméstica, pero con lo que no estuve de acuerdo era con el rotulado exterior que especificaba “COCINAS”. Eso no era para mis sentidos una cocina, o lugar donde se confeccionaba, muchas veces con más amor que elementos, la comida familiar. Donde en los días invernales muchas veces me refugié, porque se estaba calentito, donde había una mesita con mantel a cuadros rojo y blanco, como banco de trabajo para limpiar lentejas, seleccionar hortalizas, pelar patatas y demás menesteres propios de la faena. Donde enérgicamente ayudaba con el soplillo a avivar el difícil fuego necesario, luchando contra la pillería del carbonero que nos vendía el carbón mezclado. Donde a veces se escuchaban cuentos improvisados, que alguien con más voluntad que imaginación trataba de dar forma, cuentos que siempre acababan bien, como debe ser. Donde a veces se proponía realizar allí mismo la comida, para  dejar el comedor impoluto para las visitas. Las cocinas expuestas eran habitáculos de lujo, automatismo, ostentación, cocinas con glamour, lo que se quiera, pero para mi nunca podrían desprender el arrope, el calor de hogar de las de antaño, donde a veces la vida familiar se mostraba más realizada, más evidente. Y para colmo, las expuestas no tenían siquiera, ni calderos colgados en las paredes. ¡Qué ignorancia...!