lunes, 20 de julio de 2026

                                                                 LA ESTACION DE ATOCHA


Cuantos recuerdos me trae la Estación de Atocha o Mediodía. Desde mi infancia en que acudía con mi

medre a esperar la llegada de mi padre de su eterno peregrinaje por el país, a causa de los incontables

viajes que debía realizar a causa de su profesor teatral . Conocía todas la capitatales de provincia y

 pueblos importantes. De pequeño me impresionaban los pitidos y ruidos de las locomotoras al llegar y

 las aparatosas efusiones de alegría entre viajeros y esperantes, el ir y venir de los llamados "mozos de

cuerda"cargados a tope, haciendose camino entre la muchedumbre y en general el bullicio que tenía

 lugar.

Años mas tarde no era gratuita la entrada, costaba unos cincuenta céntimos lo que se llamaba billete de

 andén. Ahora, en mis viajes a la capital a veces me siento en la plataforma superior a ver las llegadas

 del AVE y echo de menos el humo....


                                                                            JLGR.





jueves, 24 de octubre de 2024

Un verano filosófico

 Ahora que he tenido que suspender un viaje a mi anhelado Madrid, me ha venido 

a la mente un verano peculiar en el año 1950. Cursaba yo por entonces el cuarto

curso de bachillerato, aquel bachillerato con Latín o Griego y Filosofía, las tres a 

cual más antipática, y como siempre había adquirido mi texto de Filosofía en la 

librería de doña Pepita, donde se vendían y compraban por los estudiantes los libros 

de segunda mano a finales y principios de curso. Me presente a examen con programa

en mano del texto Lógica, Psicología y Ética y al empezar mi discurso sobre el tema

elegido me interrumpió el examinador requiriendo mi programa. Resulta que no servía

pues habían cambiado por los Sistemas Filosóficos, en aquella época era normal no

  cambiar de un curso para otro. Total que me pasé el verano con unas papeletas de los

 variados sistemas en el Retiro memorizándolas y sudando dale que te pego.

En mi vuelta a los tribunales diserté sobre Kant de tal manera que, por la cara que puso el 

profe, deduje que ignoraba diversas vicisitudes.

Por supuesto obtuve un NUEVE como una casa, pero lo había sudado mirando a las

 barcas. Esto me pasaba por estudiar por libre y querer ahorrar. 

                                               J. L.G. R. 


 

lunes, 14 de octubre de 2024

Mi barrio

 

          Comentarios sobre la naturaleza del barrio.

 

A veces decimos la palabra barrio sin percatarnos de lo que engloba.                

Mi barrio son las palmeras, algunas algo decrépitas, que pueblan las calles adyacentes, es el olor que desprende el pan caliente del horno cercano. También es mi barrio, ese extranjero que se sienta en un banco frente al supermercado, accionando un acordeón de aires tristones y solicitando una  ayuda, el perro perteneciente a cierto paseante, con el que a veces me cruzo y nunca me saluda y que por cierto me mira con aire de desconfianza (conocerá que platico contra los depósitos caninos).

Mi barrio es el supermercado, que cada día cambia los anuncios de sus ofertas. Es la tienda de todo un poco, que a veces recorro sin fin alguno.

Mi barrio es la humedad ambiental en los días de calima y ese fresquito que circula en los atardeceres en primavera. También mi barrio son esos bancos que se me ofrecen, y utilizo a veces, para alivio de las articulaciones y el estanco de las quinielas donde la ilusión se estrella tantas y tantas veces.

En fin mi barrio son muchas cosas, supongo que como el de cada uno, y que constituyen mi vagar diario. El barrio no tiene dimensiones, puedes extenderlo hasta donde tu necesidad de campo vital precise, admite cambios de decoración y de personajes. No es un territorio cerrado. Amigo mío, el barrio es lo verdaderamente importante para cualquiera de nosotros.

No hace falta ponerle un nombre, da igual. Cuando alguien requiere mi origen, yo contesto simplemente:

“Yo soy de mi barrio, y en cuanto a mi patria, con toda certeza, mi patria empieza en mi barrio, es mi infancia, mi deambular diario, mi barrio ampliado…, muy ampliado y muchas cosas más.”

Bien, pues creo que me adhiero plenamente a este comentario.

 

                                                        J.L.G.R.

 

 

lunes, 18 de diciembre de 2023

La última vez que vi Madrid...por ahora..-

 Bien, he vuelto a visitar la tierra que me vio nacer.

Y es que pasados unos meses sin recorrerlo, parece que me falta algo-

Necesito ver la puerta de Alcalá, la guinda de Carlos III, `pedalear Serrano

y Velázquez, comprobar que el Retiro está en su sitio y verificar que la 

Puerta del Sol sigue tan agitanada y bullanguera.

Ahora, por estas fechas disfrutas, junto al pelete, de una aire prenavideño y

 multitudinario de visitantes que aprovechan los puentes habidos para

visitar y conocer la capital, disputar a los autóctonos las entradas de los

teatros, los churros de los cafés y los soldaditos de Pavía (exquisitas frituras

de bacalao del bar Labra), haciéndonos padecer sendas colas...

Pero no importan las aglomeraciones ni el frío, se soportan con gusto

los guantes, la bufanda y el pesado anorak. Los madrileños queremos

 un Madrid para todos, somos generosos hasta la médula, por algo se dice

" De Madrid al Cielo y con un agujerito para no perderlo de vista" 

domingo, 25 de septiembre de 2022

El Retiro antaño

                                A vueltas con El Retiro.

 

Resulta que consultando las viejas crónicas del lugar al parecer existían en el viejo Retiro entre otras cosas, como Casa de Vacas con su vaso de leche con canela, un recinto de madera denominado Casa del rico y del pobre.

Se trataba al parecer de una pequeña construcción cercana a la puerta de coches en cuyo interior figuraban dos partes, una dedicada  a un craso y orondo personaje rodeado de toda clase de comodidades, mientras que la otra mostraba un semejante con lo contrario, todo desaliento y pobreza. No se precisa si sus figuras eran de madera o cera, da lo mismo.

 Yo deduzco que representaba para muchos la primera visita social a la vida. Parece que ambos conceptos eran algo exagerados, ni el rico es tan rico, ni el pobre lo es, la vida está algo más nivelada,…pero no demasiado.

Aquella caseta fue derribada, en su lugar se instaló una plazuela, era un monumento que había que superar y evitar, podría ser un museo al rencor. Las cosas no son siempre blancas o negras…hay tonalidades.

Hicieron bien en derribarla, había que evitar posibles alusiones.

 

 

 

                                 A vueltas con El Retiro.

 

Resulta que consultando las viejas crónicas del lugar al parecer existían en el viejo Retiro entre otras cosas, como Casa de Vacas con su vaso de leche con canela, un recinto de madera denominado Casa del rico y del pobre.

Se trataba al parecer de una pequeña construcción cercana a la puerta de coches en cuyo interior figuraban dos partes, una dedicada  a un craso y orondo personaje rodeado de toda clase de comodidades, mientras que la otra mostraba un semejante con lo contrario, todo desaliento y pobreza. No se precisa si sus figuras eran de madera o cera, da lo mismo.

 Yo deduzco que representaba para muchos la primera visita social a la vida. Parece que ambos conceptos eran algo exagerados, ni el rico es tan rico, ni el pobre lo es, la vida está algo más nivelada,…pero no demasiado.

Aquella caseta fue derribada, en su lugar se instaló una plazuela, era un monumento que había que superar y evitar, podría ser un museo al rencor. Las cosas no son siempre blancas o negras…hay tonalidades.

Hicieron bien en derribarla, había que evitar posibles alusiones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                 A vueltas con El Retiro.

 

Resulta que consultando las viejas crónicas del lugar al parecer existían en el viejo Retiro entre otras cosas, como Casa de Vacas con su vaso de leche con canela, un recinto de madera denominado Casa del rico y del pobre.

Se trataba al parecer de una pequeña construcción cercana a la puerta de coches en cuyo interior figuraban dos partes, una dedicada  a un craso y orondo personaje rodeado de toda clase de comodidades, mientras que la otra mostraba un semejante con lo contrario, todo desaliento y pobreza. No se precisa si sus figuras eran de madera o cera, da lo mismo.

 Yo deduzco que representaba para muchos la primera visita social a la vida. Parece que ambos conceptos eran algo exagerados, ni el rico es tan rico, ni el pobre lo es, la vida está algo más nivelada,…pero no demasiado.

Aquella caseta fue derribada, en su lugar se instaló una plazuela, era un monumento que había que superar y evitar, podría ser un museo al rencor. Las cosas no son siempre blancas o negras…hay tonalidades.

Hicieron bien en derribarla, había que evitar posibles alusiones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

domingo, 29 de agosto de 2021

Peatones raritos

 

                                Peatones algo raros….

 

         Es domingo, caluroso como casi todos los días, este verano del año, que no de gracia, 21 nos trae fritos. Entre el calor, la panza de burro y los disfraces nos tiene contentos. Salgo de mañana tardía a la calle, y ha de ser algo tardía para que no se me alargue el paseo demasiado, no por no desearlo sino por no tener facultades para sobrellevarlo, tres horas a lo sumo y va que chuta…Me he cruzado con un enmascarado de pico blanco que me ha deseado un buen día con toda cordialidad, la verdad no sé quien era, pero le he correspondido  con una especie de ruido emergente desde mi bozal, tapabocas, mascarilla o como quiera llamársele, que utilizamos  por prescripción gubernativa siempre que tengamos próximo algún semejante aunque sea de buena familia. Unos pasos más adelante me he topado casi con doña Dolores, digo yo que sería…, me extrañó el acentuado color rubio de su pelo para su edad, portaba una careta tornasolada con estrellitas la muy coqueta y cojeaba ligeramente, me pareció algo más alta…, bueno a lo mejor no se trataba de la citada ya que la semana pasada ni era rubia ni cojeaba, sea quien fuera recibió mi gesto tipo saludo pseudomilitar y mi sonrisa agradecida, si es que se me veía algo tras la mordaza…

Al camarero del bar sí que le identifiqué enseguida por su especie de coletilla torera con que se adorna, claro está que tuve que esperar a que se volviera de espaldas y así sucesivamente me sucedía con todo bípedo que me cruzaba. Al fin localicé mi mesa del café, saqué el crucigrama y cambié de tema dedicando la imaginación a otro menester.

Pensándolo bien esta ocupación de adivinanzas es bastante divertida, lo que me mosquea una poco es que la mirada de los caninos me parece un poco de cachondeo….                 

 

martes, 6 de julio de 2021

El escritor y el maniquí

 

El escritor y el maniquí.

 

El escritor emprendió su habitual paseo, comenzando por su también habitual acera. Al pasar junto a los Nuevos Almacenes no pudo evitar fijar su mirada en el maniquí expuesto, le atraía aquella mirada ingenua de ojos azules, tan azules como inexpresivos, que miraban a ningún sitio, pero que le transmitían una extraña tranquilidad. Se detuvo un momento en su camino a la vez que percibía que las luces de la tienda empezaban a desaparecer, a la par que la puerta automática iniciaba su cierre. Su mente empezó a elucubrar que sería de la efigie ahora en la oscuridad, en silencio, sin nadie que le contemplara, sin que nada, ni nadie, perturbara la horrorosa soledad a que se veía sometido. Su trabajo era servir de base para lucir ropas diversas, produciendo bien la aprobación o la crítica de sus admiradores, pero ahora  no era nada, tan solo una sombra más del solitario escaparate.

¿Qué hacen los maniquíes en tales situaciones, qué raro corazón habita en sus fingidos cuerpos, qué experimentan al ver cambiados una y otra vez sus ropajes así como sus precios por otros, al notar alteradas sus posturas…?. Debe ser triste ser maniquí y no debe ser fácil desempeñar sus tareas.

Un atardecer le echó en falta, no estaba en su lugar habitual y así sucedió en días sucesivos. Sin dudarlo se dirigió al encargado de los Almacenes interesándose por el destino del maniquí de ojos azules.

El citado le condujo a un sótano donde le mostró el cementerio de diversos ejemplares todos tullidos, esperando no se qué extraño juicio final. Con todo respeto solicitó los restos de su maniquí  amigo, al que entre otras cosas le faltaba un brazo, para rellenar su despacho. El encargado le miró extrañado pero le complació en su petición.   Y allí se posó, en un rincón del despacho escuchando día tras día los inacabados poemas del ilusionado escritor, siempre mudo, pero nunca a oscuras. Cubierto con una bata azul aterciopelada parecía un ser de otra galaxia.

Un día la efigie se fue al suelo de cabeza, se le rompió una pierna sin arreglo posible. Lo envolvió en una manta y se dirigió a un campo cercano, cavó una ligera fosa e introdujo dentro el maltrecho maniquí. Al no poder cerrarle los ojos por ser inmóviles, los cubrió con un pañuelo para evitar que aquel azul celeste fuera dañado por la la tierra.

Cuando ahora pasa frente al escaparate, no puede evitar emocionarse al recordar los inmóviles ojos azules del maniquí, al que redimió de la eterna oscuridad y que escuchaba atentamente, con total respeto, sus ilusionadas poesías….

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

miércoles, 14 de abril de 2021

La calle Pozas

                     La  Calle  Pozas.

 

La calle Pozas es una calle chiquita de Madrid, algo empinada, situada en pleno centro de la capital, se accedía y accede a ella entrando por la calle del Pez, desde San Bernardo y se encuentra la primera a mano izquierda. Es una calle de pocos números que termina en una transversal, la calle del Espíritu Santo.

   ¿A qué viene tan detallada descripción… ?, pues viene a que recientemente , en mi última estancia en Madrid, pasé por la calle del Pez y mi vista tropezó con la subida a la calle Pozas. Yo he vivido en esa calle de pequeño, en el número 3, en casa de Doña Amparo. Estoy hablando del año 1944 o por ahí. En su constante pulular por las calles de Madrid, y siendo fiel seguidora de la tesis de que no hay por qué sujetarse a un determinado barrio, habiendo facilidades para cambiar, mi madre y yo recalamos en la citada calle durante unos meses,  antes del viaje a Canarias. Mi padre estaba haciendo su tournée teatral en provincias.

   Esforzándome por recordar tiempos ya caducados, penetré en un café de la zona y sentado en una mesa junto a una ventana que a la calle en cuestión asomaba y mientras saboreaba un café, vino a mi mente mi amigo Alfonsito.

  Alfonsito vivía en mi portal un piso más arriba y una tarde en que yo estaba sentado en el rellano, me abordó presentándose a  si mismo.

  .—¡Hola, soy Alfonsito…! (por entonces todos nuestros nombres acababan en “ito”, qué bonito, ¿verdad….?) y me ha dicho mi madre que baje a jugar contigo, que eres nuevo y no conocerás a nadie. ¿ Quieres que seamos amigos… ?.

  Ante aquel desparpajo de mi  desconocido vecino yo, que no era nada corto, quedé sorprendido y me apresuré a decirle.

—-   Pues claro, la verdad es que me cambio tanto de casa que cuando empiezo a tener amigos se me esfuman.

—  Yo tampoco tengo muchos amigos, pero te presentaré uno que vive ahí enfrente. -Me replicó señalándome un portal.—Te voy a dar un poco de chocolate, — y sin darme opción alguna partió su tableta por la mitad y me la puso en la mano.

   Alfonsito llevaba unas gafas redondas de las de casi culo de vaso y al ver que yo las observaba, me dijo que eran para curarse la miopía, pero que en un par de años se las quitarían.

       — Naturalmente, te quedarás muy bien. – Alfonsito esbozó una                               sa de agradecimiento y entonces supe que me lo había ganado.

    Con mi nuevo amigo y algún otro empecé a competir en el famoso deporte de las chapas. Comprábamos las caras de los futbolistas, las pegábamos dentro de las chapas, marcábamos con tiza un campo de futbol en el portal elegido y comenzábamos nuestra liga particular, de la que terminábamos cada día con los codos negros como tizos, las rodillas ídem de lo mismo y a pesar de las broncas maternas y de las porteras que a veces nos echaban a escobazos. Fuimos la generación de futuros seguidores del Madrid, del Barcelona, del Atlético  y demás competidores.                                                                       

   No creo que en la actualidad ningún niño con juguete alguno, llegue a disfrutar como nosotros lo hacíamos con nuestras aguerridas chapas.

   También me inició en el juego de las bolas o boliches, me llevó a un taller donde nos regalaban bolas de acero de cojinetes viejos y a los portales se ha dicho. Nosotros no fuimos niños de calle, fuimos niños de portal y más de un portero nos contemplaba extasiado mientras  competíamos, en tanto la portera, que nos ponía a parir,  iba a por la escoba…..

   Alfonsito era un poco más bajo que yo, pero listo como una ardilla y cuando salíamos a dar un paseo me pasaba graciosamente la mano por el hombro, en plan protector y amigo, y yo desesperaba hasta que llegaban las cinco, tras la obligada digestión, para bajar al portal y reunirme con mi amigo. Después y con motivo de mi viaje no volví a verle.

    Ahora forzando los recuerdos, cuando regresé de Canarias, allá por el año 50.un día me acerqué al barrio y pregunté a la portera por Alfonsito.

    —  Pues fue una desgracia, Alfonsito se ahogó en una piscina que creo se llamaba el Nido o algo parecido, hace unos años.

 

    Al evocar este recuerdo el café me supo amargo, pensé que no me había despedido de mi primer amigo, de Alfonsito cuando partí, y no tuve ocasión de decirle que siempre le recordaría, ni de comprobar si las gafas aquellas tan horrorosas le habían corregido la miopía.

    Salí del café algo abatido, lancé mi última mirada a la calle Pozas y tuve que sacarme el pañuelo del bolsillo, parece ser que algo me molestaba en los ojos…..  

 

 

 

 

  

lunes, 12 de abril de 2021

Entre suspiros...

                                   

No alarmarse amigos lectores, no voy a referirme a la famosa obra picaresca del afamado escritor, esa es Buscón con mayúscula, tan solo es que como nos ha dejado el invierno, la época  de la tristeza, “Oh… les feuilles mortes sur les parcs…”, de los poetas lánguidos y también de los recuerdos, pues me ha venido a la memoria una historieta acaecida allá por los 50, cuando en compañía de otro adolescente vagábamos por las instalaciones del Buen Retiro madrileño, sin otra obligación que contemplar el estanque, los inexpertos remeros y la acumulación de la hojarasca por doquier, como era de esperar dada la estación pasada.

Repetidas veces habíamos observado como un hombre, un buscón, ya peinando prominentes canas, de unos sesenta años, revolvía con su bastón los cúmulos de hojas caídas, sin duda para dar lugar a otras renovadas en la próxima primavera, como efímeras inquilinas de paso que se sabían. Revolvía y revolvía por doquier y a veces se echaba mano al bolsillo del abrigo como guardando algo apreciado. Ya cansados de observar su conducta le preguntamos en una ocasión por el motivo de sus pesquisas.

El buen hombre nos miró fijamente esbozando una incipiente sonrisa:

—Veréis, sois todavía muy jóvenes…, es que a veces encuentro alguna que otra lágrima,  las que más suspiros de amores intensos que me impresionan vivamente. Las lágrimas si no son de felicidad, lo aprecio por su color, me las guardo en el  bolsillo para eliminarlas y los suspiros me producen  tan emocionantes sensaciones que luego los plasmo en mis escritos…

           Entonces comprendí lo que era ser poeta… 

miércoles, 24 de marzo de 2021

La invitación

 

La invitación.                  

 

Se había empeñado en llevarme a comer al nuevo restaurante.

— Verás, es un local nuevo que acaban de inaugurar en la esquina al lado de los multicines. Donde antes había una papelería..

— Ya sé que papelería dices, donde una vez me vendieron un periódico de hacía tres días.

 — ¿Y no le dijiste nada, yo habría…?

.— ¿Qué no le dije nada…? Bueno, es que verás me fui con el diario a mi cafetería habitual y agazapado en la mesa del rincón inicié la lectura mientras el camarero me traía el café. Cuando lo trajo, echó una ojeada al periódico y comentó.

   ¿Qué…, buenas noticias…?-no apartaba la vista del diario-

   Pschh… las de todos los días. Nada interesante. Es que parece el mismo siempre

   Claro, claro…

Comprobé la “primitiva de ayer” y me llevé el sorpresón de verificar que me habían tocado 150 euros. Pagué y me dirigí al lotero a toda velocidad. Metió el boleto en la maquinita y observé con emoción la pantalla. Tras unos instantes apareció el letrerito: “boleto no premiado”. Me quedé tieso e interpelé al lotero: ¡Oiga eso debe estar equivocado, en el periódico dice que he ganado 150 euros, mire…! Entonces don Antonio, el lotero, que es muy buena persona y tiene más paciencia que un santo, se caló unas gafas mínimas, tomó el periódico y señalándome la fecha agregó: ¡Hombre, no compre usted periódicos atrasados, aunque sean más baratos...!

 A todo esto, se había formado cola y el cachondeo era de órdago…

— ¿Volverías a la papelería…, no?

 — Hecho una furia, pero el jefe se había ido al médico y estaba un niño tras el mostrador.  Me ha dicho mi papá que usted volvería, porque se ha llevado un diario de ese montón que son para devolver y a lo mejor no le gusta…

Me quedé mirándole, sin saber si lanzar un berrido o no, y calmado contesté:

 —Pues dile a tu papá que sí, que me ha gustado y además no lo había leído. Pero como no he visto su esquela, se lo devuelvo. Y ahora dame el de hoy…

Llegamos al nuevo restaurante.

  El local me da mosca, porque todo negocio que montan aquí acaba cerrado.

Penetramos en el nuevo local y un solícito camarero, algo oriental, nos acompañó a una mesa. A poco vino el que parecía ser el encargado, boli en mano nos entregó una carta de vinos, que parecía la lista de la lotería.

   No, tráiganos el de la casa y una Casera.

— De manjares tenemos conejo estofado, ternera en salsa Orly, lenguado calabrés…

  Mire, tráiganos el conejo, que parece más hispano… ¿no…?

— Para los dos,—-agregó mi amigo.

Rematamos el almuerzo con un helado de turrón y tras abonar la minuta,  salimos a dar un paseo para bajar la comida, en el que se produjeron sendos eructus Magnus , que según Hipócrates son suspiros de satisfacción.

 — ¿Qué te ha parecido el menú…, aceptable verdad?.—  Bueno, lo que no sabemos seguro es si era conejo o gato…

  Pues ahora que lo dices, últimamente no se ve un gato por el barrio.

 

Mi amigo no sabía que yo era supersticioso, bueno un poco…, y aquella salvedad se me quedó dentro y de tal manera, que con disimulo y desde ese momento no hacía más que buscar con la mirada algún gato, que rectificase la opinión de mi amigo.

Al regresar a casa, ya con la tarde avanzada saludé a la portera:

 —Buenas noches doña Mercedes, ¿y su gatito, anda por ahí…?

 —¡Calle, calle, que Manolo y yo tenemos un disgusto…!

 —¡No me diga que ha desaparecido…!

 —No, que lo atropelló un taxi y me lo trajeron reventadito…

    Pero yo tenía que cerciorarme:

    ¿Lo enterrarían, no…? Pobrecito.

 —Pues sí, lo metimos en una caja de cartón y lo llevamos a la Casa de Campo. Allí en la entrada, al lado de un olmo a la derecha entierran a muchos…

   Animalito, pues les doy mis condolencias

.

No me quedé tranquilo y me dije: << mañana voy a comprobar las sepulturas>>

A la mañana siguiente y tras el desayuno, en vez de decir “adios” a la familia, se me escapó un <<Miauu…>>, que los dejó con cara de haba.

En la Casa de Campo habían puesto un guarda al lado del olmo de marras. Pregunté el motivo y me aclararon:

 — Es que últimamente hay por aquí mucho meneo, sabe..,buscones...

  Fui al mercado y me eché al bolsillo tres sardinas que robé en la pescadería, me senté en un banco del Parque y me las comí crudas. Perseguí entre los arbustos a una gata blanca en celo que me había enseñado el culo y salí de allí despavorido porque un bulldog la tomó conmigo. Me encontré a mi amigo en la cafetería, con la cara llena de arañazos sorbiendo un tazón de leche. Los dos nos mirábamos con tristeza, decidimos que aquel atardecer nos daríamos un paseíto por los tejados del barrio para pasar el rato…

 

                                                        J.L.G.R.

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 5 de marzo de 2021

El café del suelo brillante

 

El café del suelo brillante.

¡Os habéis dado cuenta de lo importante que es para un establecimiento de esta clase o similar presentar un suelo brillante…!

Yo frecuento uno de ellos, bueno en realidad no es un café. Se trata de una especie de merendero (creo que les dicen piscolabis), donde se sirven zumos variados, sandwichs, bollería y también café, que por cierto es muy sabroso. No voy a citar su nombre, no precisa mi propaganda, si me lee se reconocerá.

Acudo finalizando la mañana y lo encuentro concurrido, pero a eso de la una del mediodía me quedo prácticamente en familia, que es como a mí me gusta, y entonces tras somera lectura a los periódicos, ( por cierto que con eso de la pandemia los han suprimido, maldición…), dos por lo menos local y nacional, y si estoy inspirado, desarrollo algún relato relacionado con mis impresiones o mi imaginación.

Hoy le ha tocado al local. Pues bien, cuando la afluencia ya es escasa, alguna de sus diligentes empleadas, aprovecha para pasar por los pisos una especie de mopa o gamuza a fin de restaurar el brillo, lo que logra con total certeza. Las luces o cualquier objeto brillante se reflejan en el pavimento, que luce como un espejo para total satisfacción de quien lo contempla.

Esto conlleva una significada atracción que de hecho es un reclamo perfecto. Me gusta este lugar, tanto por su aspecto como por el servicio y soy asiduo concurrente, es un tranquilo lugar donde se está a gusto.

Hay algo que yo cambiaría, el personal viste de negro riguroso y creo que tan áspero color podría ser reemplazado por un verde claro o calabaza, que estaría más a tono con el cometido y con el entorno. El público que aquí se da cita es de lo más variado, amas de casa que hacen una pausa en su compra diaria para saborear un cafetito, muchachos de la tercera edad que alrededor de una mesa relatan las jaquecas del día de la fecha, hombres de negocios que agenda en mano parecen discutir determinados temas, a veces con visible vehemencia. Algunos empleados de la zona realizan su pitanza y también alguna parejita de recién descapullados, que se derriten a golpe de tiernas miradas.

Todo muy variopinto como se aprecia, pero en general gente silenciosa que te permite leer plácidamente y también pensar un ratito, en esos momentos en que te quedas con la mirada en el vacío, buscando las inexistentes musarañas. Y por supuesto puedes dedicarte a escribir este artículo-comentario, aprovechando tres menguadas servilletas que se me ofrecen obsequiosas con total falta de pudor…

Hasta otro día.

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

El naipe coquetón

El naipe coquetón.

Estaba decidido a dejarlo. Si con un enorme derroche de voluntad había prescindido del pernicioso vicio de fumar, si se había prometido no acudir jamás a un estadio, para evitar enfermizas discusiones que nada bueno le reportaban. Si había prescindido de cuanto se había propuesto, como no iba a ser capaz de dominar su pasión por el juego de las cartas.

Pensó que había otras muchas cosas en la vida que merecían más la pena. Las mujeres, por ejemplo. Habían pasado por su vida como el rayo de luz por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Cuando veía una película con un tema amoroso, disfrutaba mientras lo hacían los protagonistas. Pero después ni se acordaba del asunto, ni se le ocurría pensar por asomo que él podía ser actor de  una pasión semejante. Decidió que le dedicaría más atención al tema en cuestión y así tal vez eludiera el recuerdo de la dichosa baraja. El caso es que no se trataba de un ávido jugador de póker o similar, era un forofo del tute, con la simple baraja española.  

Cuando circulaba por las calles, evitaba la vista hacia los escaparates que mostraban juegos de cartas, cuando entraba en algún bar lo hacía retiradamente de los posibles jugadores de las mesas. Eliminó de su domicilio todos los naipes que tenía, evitaba…, en fin la declaración de guerra era absoluta.

Tomó por objetivo la viuda del tercero derecha, que era un jamón con chorreras y que le dirigía, al cruzarse con él en la escalera, unas miradas de cordero degollado que derretían a cualquiera. Un día la vio en el mercado escogiendo zanahorias y sus miradas se cruzaron mientras ella sopesaba una de regular tamaño, él la guiñó un ojo con intención haciendo que retirara la vista avergonzada, pero esbozando una sonrisa. Otra vez la sorprendió en el escaparate de una tienda de ropa íntima femenina y situándose a su lado, la volvió a guiñar el ojo. Ella sonrió de nuevo, pero emprendió la huida.

¡Tenía que decidirse, estaba en el bote! Y empezó a soñar con ella un día tras otro, es más procuraba acicalarse antes de acostarse, para acudir a su sueño lo más atractivo posible. Una vez soñó que había penetrado en su casa y se disponía a curiosear en el cajón de su ropa íntima, las tomaba una a una y aspiraba sus perfumados olores. Apareció en el umbral de la puerta y le preguntó si la deseaba:

.-   Seré tuya, pero aguarda a que me vista de forma apropiada para el evento.

Desapareció tras un vestidor, mientras él aguardaba sentado a los pies de la cama. Apareció embutida en una minifalda azulada, con una chaquetilla verde y un gracioso gorrito rojo con dos alitas de adorno. Tomó del vestidor una especie de batidor de béisbol apoyándolo sobre su hombro derecho y se dirigió hacía él con pasos coquetones. Él por su parte se aprestó al combate, pero aquella imagen le recordaba algo, fijó su vista en el centro de su pechera y entre las protuberancias de sus senos, distinguió el emblema de Heraclio Fournier. Se despertó de golpe y quedó sentado en la cama horrorizado.

Había estado a punto de meterle mano a la Sota de Bastos…              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 El naipe coquetón.

Estaba decidido a dejarlo. Si con un enorme derroche de voluntad había prescindido del pernicioso vicio de fumar, si se había prometido no acudir jamás a un estadio, para evitar enfermizas discusiones que nada bueno le reportaban. Si había prescindido de cuanto se había propuesto, como no iba a ser capaz de dominar su pasión por el juego de las cartas.

Pensó que había otras muchas cosas en la vida que merecían más la pena. Las mujeres, por ejemplo. Habían pasado por su vida como el rayo de luz por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Cuando veía una película con un tema amoroso, disfrutaba mientras lo hacían los protagonistas. Pero después ni se acordaba del asunto, ni se le ocurría pensar por asomo que él podía ser actor de  una pasión semejante. Decidió que le dedicaría más atención al tema en cuestión y así tal vez eludiera el recuerdo de la dichosa baraja. El caso es que no se trataba de un ávido jugador de póker o similar, era un forofo del tute, con la simple baraja española.  

Cuando circulaba por las calles, evitaba la vista hacia los escaparates que mostraban juegos de cartas, cuando entraba en algún bar lo hacía retiradamente de los posibles jugadores de las mesas. Eliminó de su domicilio todos los naipes que tenía, evitaba…, en fin la declaración de guerra era absoluta.

Tomó por objetivo la viuda del tercero derecha, que era un jamón con chorreras y que le dirigía, al cruzarse con él en la escalera, unas miradas de cordero degollado que derretían a cualquiera. Un día la vio en el mercado escogiendo zanahorias y sus miradas se cruzaron mientras ella sopesaba una de regular tamaño, él la guiñó un ojo con intención haciendo que retirara la vista avergonzada, pero esbozando una sonrisa. Otra vez la sorprendió en el escaparate de una tienda de ropa íntima femenina y situándose a su lado, la volvió a guiñar el ojo. Ella sonrió de nuevo, pero emprendió la huida.

¡Tenía que decidirse, estaba en el bote! Y empezó a soñar con ella un día tras otro, es más procuraba acicalarse antes de acostarse, para acudir a su sueño lo más atractivo posible. Una vez soñó que había penetrado en su casa y se disponía a curiosear en el cajón de su ropa íntima, las tomaba una a una y aspiraba sus perfumados olores. Apareció en el umbral de la puerta y le preguntó si la deseaba:

.-   Seré tuya, pero aguarda a que me vista de forma apropiada para el evento.

Desapareció tras un vestidor, mientras él aguardaba sentado a los pies de la cama. Apareció embutida en una minifalda azulada, con una chaquetilla verde y un gracioso gorrito rojo con dos alitas de adorno. Tomó del vestidor una especie de batidor de béisbol apoyándolo sobre su hombro derecho y se dirigió hacía él con pasos coquetones. Él por su parte se aprestó al combate, pero aquella imagen le recordaba algo, fijó su vista en el centro de su pechera y entre las protuberancias de sus senos, distinguió el emblema de Heraclio Fournier. Se despertó de golpe y quedó sentado en la cama horrorizado.

Había estado a punto de meterle mano a la Sota de Bastos…              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

lunes, 11 de enero de 2021

El Santo patrón

 

                                El Santo  patrón.

 

San Isidro, humilde y generoso, es un santo patrón de lo más facilón. Poco sabemos sus patrocinados de su vida, allá por el año 1100, señal de que poco  le hacía falta para ser santo. Es de lo más curioso, no daba golpe y se dice que  ciertos ángeles esquiroles le hacían el trabajo para que se dedicara a la oración. Los madrileños, algo chungones de por nos, celebramos el camino elegido por el santo aunque verificamos con desilusión que este camino solo valía para él. Contrariamente a otro colega suyo más moderno, San Juan Bosco, que auguraba por el trabajo y la oración, nuestro ancestro suprimió la mitad de la tarea para lograr al parecer idéntico fin. Cosas veredes…

  Por ello los escritores no dejamos de ser mejores cuando dilapidamos horas y más horas buscando un tema que interese, o sea nuestra oración diaria, y no acude ninguno de aquellos benefactores de antaño, con o sin alas, a echarnos una mano.

 Se conoce que los campos de los Vargas les dejaron para el arrastre y escarmentaron.

Está visto que don Hilarión tenía mucha razón: “Hoy  los tiempos adelantan que es una barbaridad…”, pero eso lo escribió un currante de otro siglo…

He dicho…

 

P.D.

Sirva la alusión al Santo para recordar que, con motivo de las fiestas de su beatificación, fue inaugurada en tiempos de Felipe III la Plaza Mayor de Madrid.

 


viernes, 6 de noviembre de 2020

El conocido

                                              El  conocido.     

Iba paseando, totalmente abstraído mirando al horizonte que se perfilaba mar adentro, observando las mortecinas olas que batían con pereza la orilla como si lo hicieran por obligación, sin noción alguna de la distancia recorrida desde mi punto de partida, cuando súbitamente fui abordado por un individuo de buena presencia y poseedor de un gesto afectuoso, de los que nos suelen caer bien.

 —¡ Qué sorpresa encontrarle ! , ¿ Cómo está Vd. ?, espero que su familia siga perfectamente. No ha cambiado Vd. nada, ¿ cuánto hacía  que no nos veíamos?, cuatro años, tal vez cinco. ¿Se acuerda de mi verdad ?....., me soltó de un latigazo.

Yo, francamente no le recordaba, pero ante tan afectuosa acometida me dio vergüenza manifestar mi ignorancia y asentí tímidamente con un ligero:

               —¡Claro hombre claro…!

                A continuación me detalló su vida y milagros, los viajes realizados tras nuestra hipotética separación años ha, así como el devenir de su descendencia, que por suerte no era copiosa, deteniéndose a ratos ante la necesidad de respirar de vez en cuando.  Aguanté el chaparrón como pude, pero ya estaba ansioso de escabullirme de tan locuaz personaje a las primeras de cambio. Aproveché una de sus pausas para decirle:

— ¡Pues qué bien!, hombre a ver si nos vemos otra vez por ahí, pero la verdad es que me están esperando y no puedo entretenerme más.

Nos despedimos efusivamente y partimos cada uno en un sentido direccional opuesto, mientras yo le daba vueltas al coco tratando de recordar  de qué conocía  al sujeto, pero ni por esas…

Atontado por el chaparrón recibido, me senté en el primer banco que localicé, sin percibir que en el otro extremo otro semejante hacía lo propio.

Permanecí en silencio un rato, cuando de repente mi vecino se dirigió hacia mí:

  —Vd. perdone amigo, (¡toma otro!, pensé para mis adentros),     pero he contemplado su conversación con un individuo quien

previamente me había saludado amablemente, como quiera que no le recuerdo en absoluto me preguntó si sería Vd. tan amable de decirme de quien se trata.                                    1

—No me diga, a mi me ha pasado lo mismo, ha estado casi media hora relatándome sus historias y por más que me he esforzado  no he conseguido identificarle. Tal vez se trate de una de esas personas que ansían comunicarse con los demás debido a la soledad que padecen.

   —El caso es que de mi persona poco ha dicho, por no decir   nada,  si me hubiese nombrado mi colegio, los Jesuitas ó la Universidad…

—¿Estudió Vd. en los Jesuitas, no sería del 50 al 54 ….?

Pues deje que piense, en efecto por esa época, yo jugaba en el equipo de fútbol , 3º A, de mi clase, de portero…

              —¡ Qué casualidad yo jugaba en 3º B de defensa central  .. !

              —¿ En 3ª B de defensa …?, Manolín , tu eres Manolín…

              —Y tú eres Toñito, el cazapenalties. Un abrazo colega….

 

Durante largo rato departieron sobre aquellos tiempos, y hasta resultó que tenían amigos comunes.

               —¿ Qué te parece si buscamos a nuestro misterioso conocido, le pedimos perdón por no haberle reconocido a primera vista, nos identificamos con su persona y le invitamos a unas cañas?. Seguro que anda por ahí saludando al que pilla.

—Estupendo, el tipo se lo merece, si no es por él ni nos saludamos, nos ha dado una gran alegría, justo es corresponder de alguna forma.

 

Muchas veces y quien menos pensamos, nos da una oportunidad de sonreír en la vida, pues forman parte de este maravilloso Gran Teatro del Mundo

 

                                                    

 


 

 

                                           

                                           

 

 

 

 

 

 

                                          

 

 

                                                                                                                                                                                                      

 

jueves, 17 de septiembre de 2020

Palmeras Centinelas

 

                                  Las Palmeras del Veril.

                                     (Final del Verano)

Estoy observando con admiración desde el balcón del apartamento del conjunto del Veril a ese Atlántico que nos rodea y bendice.

En la vista se interponen unas cuantas palmeras espigadas, altas y señoriales que se empinan hacia el cielo como apuestos centinelas con sus tocados verdes. Unos centinelas que siempre están de servicio y que parecen decir al cielo: “Aquí estamos de guardia permanente protegiendo una isla que, aunque llora por la pandemia general de la tierra, se siente protegida por los vientos amigos, esos alisios que baten nuestros miembros con frecuencia, alegrando nuestra existencia en estos páramos.”

Lástima que la pandemia actual sea un borrón en nuestro devenir y lo que es peor, que no veamos la forma de evitarla y dejar que todo quede en un mal sueño. Aboguemos por que los técnicos encuentren una vacuna y todo quede en eso:

En un mal sueño….  

 

 

 

 

miércoles, 26 de agosto de 2020

Puñetero verano

 

                    Puñetero verano…

 

Una jodida primavera ha sido reemplazada por un puñetero verano, para que no nos olvidemos del año 2020 en lo que nos queda de vida. Parece ser que unos juguetones de por ahí, han descubierto una mortal brisa coronada y han permitido que se extienda por todo el mundo, tal vez para hacernos olvidar las actuales carencias de todo tipo ante lo que se nos ha venido encima, que ha hecho bienvenido aquel certero dicho literario:

“Cuan presto se va el placer, como después de acabado  da dolor, como a nuestro parescer cualquiera tiempo pasado fue mejor…”. Jorge Manrique sería un acertado cronista de la actualidad.

Y nos quejábamos de que subiera el pescado, la luz, la contribución, la caña de cerveza y hasta el cortadito de cada día. Pecata minuta… Cada día nos lo pintan más negro y lo peor es que cuantas más medidas nos imponen menos caso hacemos.

Un antiguo camarada me ha llegado a decir: “Con lo bien que lo pasábamos en la mili….”

Y el IBEX muerto de risa….

VADE RETRO.

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 3 de agosto de 2020

Amigo libro

            El libro que nos acompaña.

 

 Es un buen amigo que, a pesar de su condición

 de inanimado, es capaz de transportarte a otra

 época, a otra sociedad, sacarte de la monotonía

 diaria.

 Un libro es el resultado de que alguien con ima-

 ginación y esfuerzo y sobre todo dedicación,

 ha querido plasmar una historia, una biografía,

 bien reales o talmente imaginarias, al objeto

 de que pasemos un rato distraído con su

 lectura, sacándonos de la monotonía y en muchos

 casos proporcionarnos conocimientos que enri-

 quecen nuestra cultura. Es una pieza constructiva.

 Por ello, me puse de un humor de mil diablos,

 cuando al olvidar un ejemplar en una cafetería,

 regresé.                                                                                                                               El Un El áspero camarero sacándolo de debajo del

 mostrador, me lo devolvió diciendo:

“¡Aquí lo tiene caballero, quién demonios se

 iba a llevar un libro…!”

 

¡Qué grosería y tamaña ignorancia…!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


jueves, 23 de julio de 2020

La bohemia.





O mejor La Bohème, da igual…Me confieso un probo admirador del contexto de esa época y de los personajes que engloba, incluyendo muchas de sus obras de diversos estilos que contribuyeron al esplendor de las artes en general.
No  obstante no me cabe duda de que se trata de un nombre algo alegre que pretende disimular la triste pobreza de sus componentes.
El pretendido artista de la época solía ser humilde pero muy orgulloso, que, por no encajar en una clase social al uso, se inventa otra paralela plagada de ensueños y decepciones, donde las pretendidas glorias se plasmaban al alborar el día en un deprimente castillo de arena. El artista bohemio, aunque no lo sabía, era un burgués en potencia e impotencia (esto ya lo dijo alguien) y se quedó en bohemio al no triunfar, porque si lo hacía es que se había aburguesado.
Visité su barrio favorito, la place du Tertre, en los altos de Montmartre que todavía no era Paris, donde compartían viviendas humildes y pintaban en la calle en inviernos peliagudos. ¿No les hubiera gustado hacerlo en estudios calentitos, en viviendas adecuadas…? Pues claro que sí pero las circunstancias mandaban. No, no debía ser nada apetecible….
Esto no es óbice para que  yo admire a Renoir, nada pobre por cierto, a Van Gogh, a Monet, Manet, Degas, Matisse,  Cèzanne y tantos otros que no tuvieron la suerte de destacar, pero que dotaron al país vecino de una época pictórica gloriosa, con su sacrificio, claro está…
Picasso es punto y aparte…