sábado, 14 de julio de 2018

Sueños


                                    El tren.





   Hace muchos años, bastantes, una  distración para los niños capitalinos era llevarlos a la Estación a ver los trenes. Se pagaba el llamado billete de andén  de precio mínimo y sentados en un banco corrido del fondo de la estación, nos afanábamos por ver las llegadas y salidas de los trenes y el follón en los andenes, entre recibimientos y despedidas.

 Cierto Enero me hicieron creer que unos señores con muchas maletas eran los Reyes Magos con los juguetes, que al día siguiente desfilarían por la ciudad y por supuesto que me lo tragué.


  Aquella noche aprendí a soñar.


  No se me ocurrió preguntar por los camellos…


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