jueves, 24 de octubre de 2024

Un verano filosófico

 Ahora que he tenido que suspender un viaje a mi anhelado Madrid, me ha venido 

a la mente un verano peculiar en el año 1950. Cursaba yo por entonces el cuarto

curso de bachillerato, aquel bachillerato con Latín o Griego y Filosofía, las tres a 

cual más antipática, y como siempre había adquirido mi texto de Filosofía en la 

librería de doña Pepita, donde se vendían y compraban por los estudiantes los libros 

de segunda mano a finales y principios de curso. Me presente a examen con programa

en mano del texto Lógica, Psicología y Ética y al empezar mi discurso sobre el tema

elegido me interrumpió el examinador requiriendo mi programa. Resulta que no servía

pues habían cambiado por los Sistemas Filosóficos, en aquella época era normal no

  cambiar de un curso para otro. Total que me pasé el verano con unas papeletas de los

 variados sistemas en el Retiro memorizándolas y sudando dale que te pego.

En mi vuelta a los tribunales diserté sobre Kant de tal manera que, por la cara que puso el 

profe, deduje que ignoraba diversas vicisitudes.

Por supuesto obtuve un NUEVE como una casa, pero lo había sudado mirando a las

 barcas. Esto me pasaba por estudiar por libre y querer ahorrar. 

                                               J. L.G. R. 


 

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