sábado, 28 de marzo de 2020

Relojes



   Relojes. (tema  nada profundo, pero no doy para más..)



En esta más que triste tarde de Marzo, y eso que dicen ha empezado la primavera, de cielo grisáceo y feo se me ha ocurrido observar los cuentamomentos, es decir la variedad de relojes que en el salón de mi casa tengo a mi disposición. En primer lugar el que está colgado en una pared, imitación de los antiguos con sus contrapesos colgantes, que no hay forma de que deje de adelantar o retrasar según gire en un sentido u otro una tuerca ubicada en el péndulo. No hay forma de que el jodido aparato trabaje con exactitud y como me tiene harto…, he optado por ponerlo en hora con frecuencia y que me sirva solo de adorno. Luego está otro en el aparador, incrustado en una figura de porcelana, este más o menos cumple con su trabajo pero como me pilla un poco de lado, lo consulto raramente. El rey es el digital, con números bien visibles situado bajo la televisión, el más consultado que muestra asimismo fecha y temperatura, también es el inquilino más reciente. Por último mi reloj de muñeca, un modesto y rectangular Viceroy, ya algo veterano, pero que funciona como un clavo. En el cajón de mi mesilla de noche se albergan otros varios, adquiridos en tienda de saldos de la materia de la calle Bravo Murillo de Madrid,  que por su aspecto llamativo a veces me encaprichan, pero de dudosa calidad.

Esto me hace recordar la historia de mi primer reloj.

Tendría yo unos 16 años o por ahí. Me examiné por libre de la Reválida del Bachiller, estaba interno en la Escuela de Carabanchel, obteniendo el título ansiado. Mi madre se puso muy contenta y me llevó a una relojería de la calle del Carmen, recuerdo que era un primer piso, y eligió un Certina que me ilusionó notablemente. Lo conservé muchos años, era de cuerda obviamente, y no recuerdo que fue de él.   

Pero los que a mí me gustaban eran aquellos antiguos de cuco, en los que el sonido de la hora era acompañado, a veces, con la aparición del pajarillo. Algunos, prodigiosamente diseñados eran sumamente simpáticos, y uno, en su tierna mocedad, no podía evitar  una sonrisa de complicidad ante su inesperado cacareo.   

En el Palacio Real existe una sala dedicada a los relojes, los hay bellísimos y sofisticados y más de un rey prefirió entretenerse con ellos a los sórdidos asuntos de Estado.



                                                  J.L.G.R.








viernes, 20 de marzo de 2020

El buscón.


                                  El buscón.



No alarmarse amigos lectores, no voy a referirme a la famosa obra picaresca del afamado escritor, esa es Buscón con mayúscula, tan solo es que como nos ha dejado el invierno, la época  de la tristeza, “Oh les feuilles mortes sur les parcs…”, de los poetas lánguidos y también de los recuerdos, pues me ha venido a la memoria una historieta acaecida allá por los 50, cuando en compañía de otro adolescente vagábamos por las instalaciones del Buen Retiro madrileño, sin otra obligación que contemplar el estanque, los inexpertos remeros y la acumulación de la hojarasca por doquier, como era de esperar dada la estación pasada.

Repetidas veces habíamos observado como un hombre, ya peinando prominentes canas, de unos sesenta años, revolvía con su bastón los cúmulos de hojas caídas, sin duda para dar lugar a otras renovadas en la próxima primavera, como efímeras inquilinas de paso que se sabían. Revolvía y revolvía por doquier y a veces se echaba mano al bolsillo del abrigo como guardando algo apreciado. Ya cansados de observar su conducta le preguntamos en una ocasión por el motivo de sus pesquisas.

El buen hombre nos miró fijamente esbozando una incipiente sonrisa:

—Veréis, sois todavía muy jóvenes…, es que a veces encuentro alguna que otra lágrima,  las que más suspiros de amores intensos que me impresionan vivamente. Las lágrimas si no son de felicidad, lo aprecio por su color, me las guardo en el  bolsillo para eliminarlas y los suspiros me producen  tan emocionantes sensaciones que luego las plasmo en mis escritos…

   Desde entonces aprendí lo que era ser poeta…


     ¡Gracias  amigo….!

   

jueves, 16 de enero de 2020

SEVILLA

                                   Sevilla…

Me pides que te describa  las  impresiones de mi reciente viaje por Sevilla y la verdad es que no se como empezar.
Si tuviera que encabezar mi humilde descripción con un título diría que Sevilla de noche es un hermoso lucero en mitad del campo andaluz y de día es la fusión de la belleza, la tradición, la música y la alegría en un aroma embriagador de naranjos.
Sevilla es el Guadalquivir que se contonea entre sus avenidas, saluda a la Torre del Oro, bailando por Sevillanas bajo sus puentes galanes.
Sevilla es la Maestranza, la Catedral del toreo, desde cuyo museo nos saludan: Joselito, el Gallo, Belmonte, Machaquito, Paco Camino, Ordóñez y tantos y tantos, que levantaron aquellas clamorosas ovaciones que rebotando en el cielo andaluz, se derramaban sobre el barrio de Triana, de Santa Cruz, de La Macarena, de los Remedios, de Nervión, de Heliópolis, con una cascada de Olés… que hacen mecerse a la Giralda.
Media Sevilla es Curro Romero, el faraón de Camas, y la otra media no lo es,  pero las dos son devotas del arte de Cúchares.
Sevilla es su Giralda, veleta que alegra al cielo y su maravillosa Catedral de belleza indescriptible.
Sevilla es su Plaza de España, donde hay un recuerdo para cada capital, una evocación a sus vecinos, porque sobretodo Sevilla es solidaria.
En los márgenes del Guadalquivir hay juncos que bailan por peteneras y lloran por alegrías, pidiendo al cielo veranos más suaves y lluvias para sus embalses.
 Sevilla es la tierra del naranjo y del pescaíto frito, donde la gente te saluda sin conocerte, donde los días se te hacen cortos al pasear sus calles, al visitar sus museos.
Sevilla también es flor y poesía al recorrer su parque de Maria Luisa, del Alamillo, de la Cartuja, al recrearte en los jardines de Murillo, de San Telmo, de Cristina, del Prado ó del Real Alcázar.
Como toda Andalucía, Sevilla es sol y luz resplandecientes y cuando sale la luna es un espejo de plata.
  
Amigo, seguiría y no pararía, Sevilla es orgullo de Andalucía y de España entera, dice la canción que tiene un sabor especial, yo creo que tiene numerosos sabores fundidos en crisol, del que ha emanado una sustancia etérea, que invade el ambiente y que se llama Alegría.
    Por eso cuando la despedía alejándome en el autobús, no pude evitar levantarme, y con la vista puesta en sus calles, exclamé con todas mis fuerzas:    ¡OLEee…!                                                                                     
                                                                                                                                                                                         

miércoles, 20 de noviembre de 2019

El camarero de .....


Cosas de Madrid : El camarero de la Plaza de Oriente.



Como siempre los cuatro matrimonios íbamos de aquí para allá, trotando por nuestro Madrid sin decidirnos a aparcar en algún establecimiento o terraza, el intentar ponernos de acuerdo sobre el sitio a elegir hubiera sido tarea inútil.

Así pedaleando nos encontramos de golpe y porrazo en una plaza que tenía en medio una estatua con un señor a caballo.

   —Ese debe ser un Felipe…,—dijo C.

   —Bueno, yo sé que en la Plaza Mayor hay un Felipe pero no puedo precisar los palitos, puede ser el III o el IV, añadió R.

   —Desde luego Espartero no es, lo digo por el tamaño de los cataplines del caballo. — agregué convencido.

Las damas, ajenas a nuestro cultural comentario, ya no podían más y estallaron:

   —¡No podemos más, no me siento las piernas, parecen de corcho…!

Las tres restantes acudieron en su auxilio:

   —¡Aquí mismo nos sentamos…!

Y dicho y hecho, en la primera terraza que pillaron se derrumbaron sin miramientos. Un vez encajados en los asientos atendimos a un solícito camarero, quién block en mano procedió a escucharnos.

   —¡Las señoras primero por favor…!

¡Anda éste, nos ha salido redicho…!

   —A, —con voz cansina objetó — Para mí una manzanilla templadita, por favor, se me sale el cocido…

   —G, —más decidida añadió— un riojita me caerá bien.    

   —B, —fue más original— una Coca Light.

   —A (II),—siempre prudente— Un té con limón, por favor.

El camarero, esgrimiendo las herramientas,  ya tenía cara de circunstancias, se veía que la variedad y escribir no eran lo suyo…

     —Bien ahora los caballeros…

   —C, —adelantándose— yo quiero un cubata con hielo

   —R, un refresco de lo que sea, pero bien frío.

           —M. ¿tendría algo de coco…?

       (Aparte de la cara,—pensé yo…)

           —Por mi parte una  Mahou.

           El camarero, tomando aire, comenzó:

          —O sea que una Mahou, un té, un lo que sea …,¡jóder…! (Menos                     mal  que me jubilo el mes que viene…)

        —Compadre… ¿qué te juegas a que el nota no atina en los autores de 
            los encargos...?

          Y al cabo de un rato apareció con una bandeja repleta de vasos y 
           botellas que depositó con determinación en el centro de la mesa.

        —Bueno, aquí tienen, procedan ustedes mismos…—y con los brazos 
          cruzados contempló nuestras elecciones.


       —Ahí veis lo que es tener mili…—comenté.



        Cuando tras pagarle se alejaba me pareció que decía entre dientes: “Si 
         estos vuelven otro día, me da algo…”





                                 .
























Las terrazas


                             Las  terrazas de la capital.



Las terrazas de la capital son, sobre todo en verano, como un respiro para el sufrido viandante asustado por el anuncio, de cerca de los 40 grados, que anuncia un luminoso con la aviesa intención de hacerte sentir más caliente aún. Porque  no es que tengas calor, es que además te lo dicen…Claro está que hay muchas clases de terrazas algunas, aprovechando un remanso de sombra accidental, han situado unas cuantas mesas y sillas al amparo y rápidamente se ven colmadas de clientes, los cuales cuando la ocupación fracasa, pasan de largo lanzando asesinas miradas a los satisfechos ocupantes, que hacen que te sientas fatal. Otras pertenecientes a cafeterías o restaurantes de variada calidad, que cuando la canícula aprieta invaden sin escrúpulo alguno las aceras peatonales, con la bendición de sus respectivos ayuntamientos. Su público no suele ser el mismo que el habitual  de sus interiores en invierno, los hay que jamás se sentarían dentro, al igual que otros no lo harían fuera ni en Nigeria.

 Es cuestión de principios….y bemoles.

Una vez gloriosamente ubicado y disfrutado de tu cerveza te extrañas de la cuantía de lo consumido. ¡Joder que abuso…! Consultado el camarero al respecto, te aclara:

—    ¡Pero hombre, natural…!  Si jefe, en la pizarra dice “Caña de cerveza 1 euro”, pero eso es si la toma en la barra…     

 Encima te llaman paleto…


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Librerías de segunda mano


Servir para servir…



             





                             Librerías de segunda mano.



A mí me gustan las librerías de segunda mano, donde puedo encontrar un insólito libro que nunca pude leer por falta de conocimiento u ocasión. Esas librerías de aire triste pero íntimo, con pinta de cuevas y estanterías de equilibrio indiferente que  amenazan derrumbe pero que milagrosamente nunca se caen. Me gusta hablar con los libreros que las regentan, que saben tanto de libros aunque no hayan leído nunca ninguno, que lucen guardapolvos con alergia a las piletas o lavadoras y en cuyos bolsillos siempre hay algún lápiz y acaso alguna colilla. Que te relatan anécdotas de Benavente, de Gómez de la Serna o de Valle Inclán como si fueran de la familia, que si te ven indeciso se deciden a aconsejarte la lectura de un viejo tomo de Sopena añadiendo:

    —Hay que leer bien, esto es canela fina…

No conoces al autor, ni falta que hace, te lo ha recomendado el librero, el técnico, seguro que vale la pena.

Estas librerías van desapareciendo y sabe usted el motivo, pues se trata de que una vez leídos nadie los hace circular, si les han gustado pasan a un triste estante domiciliario como si fueran estatuas  y si no mueren en cualquier rincón y cuando se ponen amarillentos acaban en la basura.

Si entras en un anticuario, aparte de que los precios son de no te menees, los primero que te dice es:”¿Qué busca usted…?”. Si fueras sincero dirías: ” pues, revolver… ”, pero no te atreves. Y es que el jodido los tiene reflejados en el ordenador. ¡Tamaña falta de humanidad libreril…!. Además los pobres libros están en otro piso… ¡Cómo no pueden gritar…!

  Yo reivindico las librerías de viejo, las estanterías inestables,  los ancianos libreros, los guardapolvos y hasta los desperdicios embolsillados..

lunes, 7 de octubre de 2019

Mi barrio


                             Mi  barrio.
                             

Casi sin querer he percibido una conversación, en la mesa vecina de la cafetería que frecuento, que me ha hecho pensar sobre su grado de certeza. Intentaré describir lo mejor posible los comentarios escuchados.

·         Decía uno de ellos:

―A mí esto de las nacionalidades, de las regiones, de las provincias, etc., que hacen a muchos sacar pecho y provocan la consiguiente discusión comparativa, así como el afán desmedido de exaltar la propia idiosincrasia, con el evidente fin de ponerla un peldaño superior a las ajenas, me parece ridículo. Es más creo que lo verdaderamente importante es el concepto de barrio.

—¿Cómo de barrio…? explícate…

―Verás, a mí lo importante, lo que me interesa es mi hábitat, la zona en que vivo, el ambiente que me rodea. Y para definirlo, no hay nada más sencillo que la palabra barrio. No importa donde se haya nacido, o vivido largo tiempo sin llegar a echar raíces, lo que importa es lo que te rodea habitualmente, lo que respiras a diario y eso es mi barrio.

―Bien, pero el concepto barrio es un término poco…, digamos técnico. Así de pronto, parece referirse a unas manzanas de viviendas, más o menos definidas, que forman un núcleo y cuyas agrupaciones dan lugar a las ciudades, entonces…

     — Te equivocas, verás, mi barrio empieza en mi casa, en mi familia, en  mis amigos presentes o ausentes, en los vecinos que saludo a diario al cruzármelos, en la escalera o en la calle.

El barrio no está compuesto solo por casas. Mi barrio es la cafetería en la que tomó un cortadito todos los días, es el puesto de periódicos que visito, es la vendedora del cupón de ciegos a quien a veces me dirijo. Mi barrio es el corto camino que me conduce a la cercana playa, e incluso su Avenida, que por su amplitud también pertenece a otros barrios.

Mi barrio son las palmeras, algunas algo decrépitas, que pueblan las calles adyacentes, es el olor que desprende el pan caliente del horno cercano. También es mi barrio, ese extranjero que se sienta en un banco frente al supermercado, accionando un acordeón de aires tristones y solicitando una  ayuda, el perro perteneciente a cierto paseante, con el que a veces me cruzo y nunca me saluda y que por cierto me mira con aire de desconfianza (conocerá que platico contra los depósitos caninos).

Mi barrio es el supermercado, que cada día cambia los anuncios de sus ofertas. Es la tienda de todo un poco, que a veces recorro sin fin alguno.

Mi barrio es la humedad ambiental en los días de calima y ese fresquito que circula en los atardeceres en primavera. También mi barrio son esos bancos que se me ofrecen, y utilizo a veces, para alivio de las articulaciones y el estanco de las quinielas donde la ilusión se estrella tantas y tantas veces.

En fin mi barrio son muchas cosas, supongo que como el de cada uno, y que constituyen mi vagar diario. El barrio no tiene dimensiones, puedes extenderlo hasta donde tu necesidad de campo vital precise, admite cambios de decoración y de personajes. No es un territorio cerrado. Amigo mío, el barrio es lo verdaderamente importante para cualquiera de nosotros.

No hace falta ponerle un nombre, da igual. Cuando alguien requiere mi origen, yo contesto simplemente:

“Yo soy de mi barrio, y en cuanto a mi patria, con toda certeza, mi patria empieza en mi barrio, es mi infancia, mi barrio ampliado…y muchas cosas más.”

Bien, pues creo que me adhiero plenamente a este comentario.











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