domingo, 19 de abril de 2015

Aquellos sabrosos portales...

Muchas veces, la mayoría, se lanza uno a pasear por esas calles sin destino premeditado, procurando evitar
la ruta realizada el día anterior a fin de realizar la ruta más amena, no solo para solaz de la vista, sino con la esperanza de encontrar algún conocido distinto a los habituales, ya de por si requetevistos.
Ayer sin más, opté por sentarme frente al mar tratando de vislumbrar la isla hermana, que a veces nos honra con su difuso perfil. Andaba por tales cuitas cuando  percibí, no muy lejos ubicados, a dos enamorados, precisando macho y hembra, que sin cuita alguna y habilmente enroscados, trataban de succionarse los respectivoa intestinos mediante sus organos bucales. Al separarse, para tomar el aire digo yo, aprecié sus rostros algo amarillentos, como si emergieran de quince metros de profundidad buscando oxígeno tras tamaño sacrificio impuesto, al parecer, por por su mutuo y sorbetón aprecio. Estos chicos, pensé, lo pasan mal.
Tal escena vino a recordarme otros tiempos, a los que llamaré los de los sabrosos portales. En ellos las parejas de turno  trataban de localizar aquellos tales que carecían de cierre hermético, o a realizar a altas horas de la noche, a fin de utilizarlos para el tímido ósculo o apretón de desfogue en el momento oportuno.
Bien es verdad que algunos cachondos les aplaudian al descubrirlos y más de una portera apareció escoba en ristre, para calmar la fogosidad de los protagonistas.

Evidentemente aquel romanticismo era menos, digamos profundo, pero muchísimo más divertido.-

lunes, 12 de enero de 2015

Fantasías de un nativo.

 Las alfombras de hojarasca abatida por el viento pueblan las aceras de las calles de Madrid en este
Diciembre terminal, que camina hacia el nuevo año con una lentitud exasperante.
Las estatuas de los Reyes Godos, aquellos que iniciaron la unidad de los habitantes y reinos peninsulares
en pos de la formacion de una nación, vierten lágrimas de marmol desde sus ajados rostros;  no se si
debido al frio reinante,  al lamentable estado de sus reales efigies,o quizás porque algunos olvidan que son sus descendientes. En todo caso percibo que sufren achaques sus petreos corazones.
Hace frío intenso, las gentes circulan con premura haciendo caso omiso a los vistosos e iluminados escaparates, buscan el abrigo de tiendas y cafeterías, mientras el suelo sigue poblándose de hojas abatidas
por un moderado viento. No me gusta este triste panorama que induce al desánimo, no me resigno y
huyendo de la intemperie  he decidido dirigirme hacia un cafetín del viejo Lavapiés, donde antaño paraba
un tal Isidro, un angel castizo que manejando su no menos viejo organillo, solía inundar el ambiente con
las notas de la Verbena o la Revoltosa.        Madrid....

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El color del cristal...



El cristal con que se mira.

     Paseaba sus morbideces sin complejo alguno, con desenfado y donaire, se balanceaba ligeramente al prodigar sus amplios pasos, que hacían complicado el compartir con otra persona la no muy amplia acera. Sabe que es obesa, la palabra gorda no es de su agrado, pero le da igual porque cree que compensa este agravio de la naturaleza con otras virtudes que la adornan. Es indiferente a las miradas escrutadoras de los viandantes con que se cruza, ¿qué van a descubrir que ella ya no sepa…? Su confesor y amigo, el amplio espejo de su habitación en que a diario se contempla, no exactamente desnuda, la tiene informada al detalle de cuanto precisa saber, es un examen casi diario en que se transmiten imágenes y fabrican sensaciones.

« La verdad es que estoy algo gordita, pero en cambio tengo unas cejas envidiables, es difícil conseguir un trazado tan elegante y armonioso, jamás han precisado retoque alguno, son admirables.
   También soy algo amplia de cintura y mis muslos se han rellenado un poquito en demasía.
   Pero mis pantorrillas no son tan gruesas, son fuertes y dotadas de un zapato de tacón más bien elevado, junto a una falda a rayas pueden constituir un conjunto armonioso. 
    Lo peor es el trasero, no hay forma de combatirlo, ¿pantalones…? ¡Ni hablar!, nada ajustado, quizá una falda con vuelo o en corte, más bien larga. Sí, eso, procuraré al caminar balancear mis brazos con donaire, para que se aprecien mis manos de pianista y mis perfectas uñas, que siempre llaman la atención.
Mi boca no es nada desdeñable, tal vez los labios algo carnosos, pero apetitosos. Son preferibles a esos labios híbridos que se ven por ahí, que transforman la cara en una especie de hucha. Al pintarlos puedo alargarlos un poco, ¡no me agradan las bocas pequeñas, boquitas de pitiminí..! »
    Tras el detallado examen y recorrido de su anatomía a través del espejo, casi siempre llegaba a la conclusión de que las escrutadoras miradas ajenas, eran simplemente actos de admiración hacia su persona.
« Estoy hermosa, derramo ondas de abundancia a mi alrededor, debo ser consciente de tanta gracia que me hace sentir tan feliz. Si me despojara de los casi cuarenta kilos que me sobran, tal vez no sería capaz de lanzar estas miradas tan tiernas que dirijo a los ancianos, estas caricias que prodigo a los niños, esta sensación de contemplar siempre el vaso medio lleno, ésta satisfacción que me produce el respirar hondo a pleno pulmón, ignorando las aceradas ballenas de mi ropa interior. La felicidad consiste en disfrutar de lo agradable y transformar en ello todo cuanto no lo sea.»  
     Mientras así razonaba y confortaba, su mano izquierda arrugaba con firmeza el ticket proporcionado por la báscula con su desagradable información, depositándolo después con desprecio en la primera papelera a su paso.

¡Está visto que con la moral no hay quien pueda…!                                     
                                                                                                                        

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                                                                                                                      88.-

martes, 23 de septiembre de 2014

Melones

MELONES

Es un hecho y una realidad como un pino que a partir de cierta edad, la idealización del pasado constituye una especie de recurso frente a una realidad por la que nos vemos superados. En realidad solo sabemos con certeza las cosas que empiezan a olvidarse.
Por ejemplo a veces idealizo aquellos puestos de melones, en el que sufridos campesinos bajo un acondicionado toldo verde, hacinaban habilidosas pirámides de melones. Generalmente no se situaban en zonas céntricas de las ciudades o pueblos, sino más bien en los barrios extremos por aquello de los permisos. Se trataba de una pareja que cuando echaba el ciere, incluso dormitaba sobre una colchoneta en un rincón. Se pregonaba la mercancía con voz varonil y autoritaria: “¡De Villaconejos, los traigo de Villaconejos, como el almíbar...Prueben, prueben...!”
Ella mientras tanto, cuchillo en mano , se afanaba en cortar trocitos del producto que repartía entre los concurrentes, alguna vez añadía: “¡niño vete por ahí, que ya lo has probado cuatro veces...!”
El uniforme masculino era el clásico pantalón de pana con gorra al pairo y camisa blanca y ella vestido floreado con pañuelo en la testa, un botijo colgaba en alguna parte.
Era todo un cuadro, para muchos entrañable.
Ahora cuando me dirijo a algún local del barrio y le solicito un ejemplar, preguntando con total reserva de dónde los trae, me suelta “del campo,..del campo...”.

Y encima no sabe pregonar...

J.L.G.R.

sábado, 2 de agosto de 2014

Recuerdos

Por el placer de volver a verla.
Tres nubes raudas cruzaron el cielo. Nubes de forma agraciada y colorido tenue que no presagiaban lluvia. Tras ellas, creí distinguir los rasgos de alguien inolvidable. Un instante, pero suficiente.
Rememoré otras épocas: Cuando aquel ángel deseándome buenas noches subía el embozo de mi almohada para que durmiera calentito. Cuando amorosamente calmaba mi fiebre con paños humedecidos. Cuando en tardes frías frotaba mis manos. Cuando reía sin ganas para alegrarme..., ¡y tantos cuándos...!
Mi vista anhelante escudriñó las alturas intentando volver a percibir su imagen, solo por eso, por el título:

Por el placer de volver a verla.

lunes, 21 de abril de 2014

VISIÓN

Visión.

Me he detenido en la sexta planta, abandonando la escalera mecánica.
Acababa de salir del Aula Cultural del C.I. tras finalizar la sesión del día y retornaba a mis lares con cierta premura, pero me he cruzado en la escalera con alguien que era clavadito yo mismo, incluso portaba un libro en la mano, como suelo hacer. Me quedé sorprendido, comprobé que yo ahora no llevaba nada. Reaccioné rapidamente y volví al Aula, allí descubrí el libro, justo donde yo había estado sentado. Lo tomé emprendiendo nuevamente el descenso. Mi doble había desaparecido.

Es que antes no había salido del todo....

jueves, 10 de abril de 2014

El placer de no hacer nada...

He aquí una expresión que nunca he podido comprender, ¿ cómo puede uno/a , sentir placer por no dar un palo al agua?. Entiéndase de provecho.
.- ¿Cuánto tiempo sin verte, a qué te dedicas ?...
.- Pues a nada, no hago absolutamente nada.
Siguiendo la conversación me explica que ya está bien de madrugones, de estudiar como si uno fuera a escribir una enciclopedia, de trabajos ingratos, de intentar tener más poder adquisitivo, cuando en realidad si más tienes, más quieres, de sinsabores, etc… Ya es hora de pasar factura y dedicarse a eso, a no hacer nada.
Bueno, las afirmaciones contundentes nunca fueron para mi plato de buen gusto, comprendo en parte su postura pero discrepo.
Una vez me contaron que un antiguo domador de animales retirado, hacía en ocasiones que sus decrépitos perros saltasen a través de unos aros, en posición que requería poco esfuerzo. Día tras día les hacía practicar su antiguo ejercicio, en condiciones mucho más sencillas, y a su término les premiaba con alguna golosina.
Preguntado por esta ya inútil práctica, respondió.
.- Yo hago ver a mis perros que aún les necesito y ellos que lo comprenden se sienten orgullosos de seguir siendo útiles para su amo, de esta forma evito caigan en la abulia y prolongo su vida. ¿Ha observado usted el último, que a veces se trastabilla un poco…?. Pues bien, es que además se está quedando ciego.
Ante la contundente y edificante argumentación de esta narración, quedé para siempre convencido de que la actividad es muy importante, lo es hasta para los canes.

Bien es verdad que ya las obligaciones han pasado a segundo término, pero hay muchísimas cosas que a lo mejor no pudimos o supimos hacer en su momento y ahora es la ocasión, se trata de convencer a sujetos como el descrito en primer lugar y aunque no sea del todo cierto decirle:
.- Pues mira a mi no me da tiempo a nada. Entre lecturas variadas, escribir alguna cosa, acudir a menear el esqueleto por ahí, asistir a conferencias, visitar a algún amigo y desafiar al maldito ordenador, que siempre me da una paliza al ajedrez, no paro.

Hay que rechazar con rotundidad el epígrafe expuesto y no tener una actitud inferior a los perros del domador, pues algo de utilidad haremos donde menos se piense.