sábado, 11 de julio de 2015

EL DERBY




   La sirena de interrupción del trabajo lanzó su bramido a los aires y Manolo salió disparado hacia los aseos y vestuario. De repente la cara se le iluminó de alegría. Recordaba que hoy era el día del derby, el partido de futbol entre su equipo favorito y su eterno rival y como quiera que era televisado, podría verlo cómodamente en su domicilio, aposentado en su sillón favorito, con un buen cubata a mano y unos pistachos de acompañantes.
   Miró su reloj de pulsera, todavía faltaba media hora y vivía a diez minutos de donde se encontraba, recordó que no tenía pistachos y se introdujo en el súper del barrio, adquiriendo una bolsa de tamaño respetable.
   Subió las escaleras de su casa de dos en dos y como un bólido penetró en el cuarto de estar, encendió la televisión, acomodó su sillón, preparó su cubata y esparció los pistachos en un plato. Todo estaba preparado.
  Por suerte no había nadie en casa y podría disfrutar del encuentro sin molestias.
  Ya acomodado presenció la salida de los equipos y el sorteo de campos. En ese momento sonó el timbre de la puerta y Manuel salió disparado a abrir, era su mujer regresando del supermercado, apareció cargada de bolsas.
    Manolo, échame una mano, he dejado cuatro bolsas en el portal porque no puedo con todo, haz el favor de subírmelas.
   Ya empezamos a xoder pensó para sí.
     Enseguida, cariño  —Y se tiró, más que bajó, escaleras abajo, con tan mala suerte que en el último tramo notó algo así como un tirón en la pierna izquierda, al que de momento no dio importancia.
   Depositadas las bolsas en la cocina, se encaminó a su trono, dio un sorbo al brebaje y se concentró en el derby.                                                                              
No llevaba diez minutos sentado cuando nuevamente surgió otro aviso.
Sonó el teléfono en el pasillo y pensó <<¿a qué es para mi,..leche..?
    Manolo te llaman por teléfono— se levantó con presteza y notó otra vez el tirón con algo más de intensidad. Se trataba al parecer, de un antiguo amigo.
 — Manolo, Manolete, ¿qué es de tu vida,  a qué no me conoces  chavalín?....
 — Pues así de golpe, la verdad no…
 — Soy Ricardo, el de los Donuts…
 — ¿Cómo de los Donuts?, no caigo..
     El que se sentaba a tu lado en el cole y siempre estaba comiendo Donuts. ¿No te acuerdas…?
   — ¡Claro hombre, claro! — ¡hay que joderse el de los Donuts, a la hora del partido! — ¿y cómo te va hombre— la pierna seguía jodiendo…-
  Pues tirando, ya sabes que me separé y…
— Pero si no sabía que te habías casado, ¿cómo coño voy a saber que estás separado?...
    Es verdad, pues como te decía…
    Perdona un momento, llaman a la puerta.
Corriendo y con el tirón jodiendo todavía más, fue al cuarto de estar a ver cómo iba el derby. A su equipo le habían expulsado dos jugadores y seguía empatado a cero. En ese momento llegó su hijo con un amigo.
Volvió al teléfono.
   ¿Cómo decías...?
   Pues eso que vivo sólo, bueno no tan sólo tengo un liguete por etapas para ir tirando, ¿oye, a ti te gustaba mucho el futbol, no…?
   Pues sí, precisamente…
 — Un día de estos es el derby, yo a veces lo veo por ahí, tengo la tele estropeada sabes.
 — Mira el derby es hoy y si no te importa voy a ver si puedo ver algo, ya nos veremos otro día…
— Natural hombre, ya nos veremos. -- Y colgó.
En el cuarto de estar estaban cómodamente repanchingados Manolín con su amiguete, del cubata y los pistachos no quedaba ni rastro y el partido estaba en el descanso.                                                         
 — ¡Ánimo papi, tu equipo sólo pierde por dos a cero y está con nueve...!  ¡Claro no le apoyas...! 
 ¡Será cabroncete el nene!, claro ha salido a mi suegra que no me puede ver.  Cojeaba ostensiblemente pero no se lo pensó dos veces, cogió la chaqueta y un paraguas para apoyarse y abrió la puerta de la calle, al salir su mujer le dijo desde el pasillo.
 — ¿Pero dónde vas a estas horas Lolo, y cojeando?.
 — ¡Qué no me llames Lolo, eso es cosa de tu madre! Me voy a ver el partido si puedo al bar, y no cojeo, es un baile nuevo. Me voy a tomar cuatro cubatas seguidos y medio kilo de pistachos y como esto no se arregle, no va a quedar un limpiaparabrisas sano en el barrio.
    Al entrar en el bar y tras echar una ojeada comprobó que estaba lleno, se apoyó en la barra desde donde, y entre cabezas, podía vislumbrar algo de la pantalla. Pero al cabo de un rato su vecino de barra se le quedó mirando y de repente exclamó:

   ¡Coño Manolo qué sorpresa, verte tan pronto, soy Ricardo, Ricardete...!



jueves, 18 de junio de 2015

LA EXPOSICION.

Hacxe ya algunas semanas acudí a presenciar una exposición de cuadros pictóricos en cierta capital, realizada por cierto autor, de cuyos nombres no acierto a acordarme.
Tratábase de una estancia de unos cien metros cuadrados de cuyas paredes pendían algo así como
 treinta y pico cuadros, así llamados, que recorrí casi por cortesía empleando más tiempo del que a
mi juicio era preciso. A su término y ya dispuesto a retirarme, observé que una señorita muy mona,
sonrisa en rostro repartía folletos recordatorios del evento.
Dispuesto a platicar un rato y observarla con más detalle, aguardé a quedarme el último y sin más
requiebros pregunté:
 -- Señorita, ¿me puede informar del horario del explicador...?
-- ¿El explicador, que es eso...? --contestó.
-- Pues tiene que haber alguien que explique esos cuadros, porque lo que es por mi parte y me imagino
que por la de la mayoría, me he quedado in albis. Es decir que no entiendo nada...
La gentil azafata esbozó una sonrisa resaltando sus encantos.
-- No me diga -- continué -- que una persona normalita puede discernir en esa híbrida combinación
de colores , en esas rayas atravesadas, rombos torcidos, ni en esa especie de silla sin asiento, algo identificable. Supongo que al igual que el Guernica, verdadero crucigrama, algo tiene que representar.
Pero  a mi el citado me lo explicaron pacientemente y algo se me quedó.  Aquí no veo por ninguna parte explicador alguno.
 Su dulce mirada no experimentó reacción alguna y pronta respondió:
  --Mire yo creo que todo es cosa de imaginación, cada uno imagina lo que quiere ver en realidad...
  --¡Y el que no aprecie nada que le zurzan no...!
  -- Bueno, yo estaba en el paro y me tienen aquí por horas...yo...
Un rictus mohino aprecié en sus bellos ojos. Reaccioné rapidamente.
  -- Claro, ¡Ya lo entiendo...! La verdadera exposición es la bella azafata en escena, es perfecta,
.los cuadros son para despistar...Muy ingenioso, recomendaré la visita a mis amistades.

Una amplia sonrisa iluminó sus facciones y la satisfación se reflejó en su rostro. 
La dejé con la felicidad dibujada en sus labios y yo también partí satisfecho al verificar lo poco
que cuesta a veces,  hacer felices a los demás...

viernes, 5 de junio de 2015

Orígenes



o   Sobre los orígenes.

  • Casi sin querer he percibido una conversación, en la mesa vecina de la cafetería que frecuento, que me ha hecho pensar sobre su grado de certeza. Intentaré describir lo mejor posible los comentarios escuchados.
  • Decía uno de ellos:
     A mí esto de las nacionalidades, de las regiones, de las provincias, etc., que hacen a muchos sacar pecho y provocan la consiguiente discusión comparativa, así como el afán desmedido de exaltar la propia idiosincrasia, con el evidente fin de ponerla un peldaño superior a las ajenas, me  parece ridículo. Es más creo que lo verdaderamente importante es el concepto de barrio.
     ¿Cómo de barrio…? —  interrumpía el otro —  explícate…
     Verás, a mí lo importante, lo que me interesa es mi hábitat, la zona en que vivo, el ambiente que me rodea. Y para definirlo, no hay nada más sencillo que la palabra barrio. No importa donde se haya nacido, o vivido largo tiempo sin llegar a echar raíces, lo que importa es lo que te rodea habitualmente, lo que respiras a diario y eso es mi barrio.
     Bien, pero el concepto barrio es un término poco…, digamos técnico.
  • Así de pronto, parece referirse a unas manzanas de viviendas, más o menos definidas, que forman un núcleo y cuyas agrupaciones dan lugar a las ciudades, entonces…
  • —Te equivocas, verás, mi barrio empieza en mi casa, en mi familia, en mis amigos presentes o ausentes, en los vecinos que saludo a diario al cruzármelos en la escalera o en la calle.
  • El barrio no está compuesto solo por casas. Mi barrio es la cafetería en la que tomó un cortadito todos los días, es el puesto de periódicos que visito, es la vendedora del cupón de ciegos a quien a veces me dirijo. Mi barrio es el corto camino que me conduce a la cercana playa, e incluso su Avenida, que por su amplitud también pertenece a otros barrios.
  • Mi barrio son las palmeras, algunas algo decrépitas, que pueblan las calles adyacentes, es el olor que desprende el pan caliente del horno cercano. También es mi barrio, ese extranjero que se sienta en un banco frente al supermercado, accionando un acordeón de aires tristones y solicitando una  ayuda, el perro perteneciente a cierto paseante, con el que a veces me cruzo y nunca me saluda y que por cierto me mira con aire de desconfianza (conocerá que platico contra las meadas caninas).
  • Mi barrio es el supermercado, que cada día cambia los anuncios de sus ofertas. Es la tienda de todo un poco, que a veces recorro sin fin alguno.
  • Mi barrio es la humedad ambiental en los días de calima y ese fresquito que circula en los atardeceres en primavera. También mi barrio son esos bancos que se me ofrecen, y utilizo a veces, para alivio de las articulaciones y el estanco de las quinielas donde la ilusión se estrella tantas y tantas veces.
·   En fin mi barrio son muchas cosas, supongo que como el de cada uno, y que constituyen mi vagar diario. El barrio no tiene dimensiones, puedes extenderlo hasta donde tu necesidad de campo vital precise, admite cambios de decoración y de personajes. No es un territorio cerrado. Amigo mío, el barrio es lo verdaderamente importante para cualquiera de nosotros.
·   No hace falta ponerle un nombre, da igual. Cuando alguien requiere mi origen, yo contesto simplemente:
·   “Yo soy de mi barrio, y en cuanto a mi patria, con toda certeza, mi patria empieza en mi barrio, es mi infancia…”

·   Bien, pues creo que me adhiero plenamente a este comentario.







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domingo, 19 de abril de 2015

Aquellos sabrosos portales...

Muchas veces, la mayoría, se lanza uno a pasear por esas calles sin destino premeditado, procurando evitar
la ruta realizada el día anterior a fin de realizar la ruta más amena, no solo para solaz de la vista, sino con la esperanza de encontrar algún conocido distinto a los habituales, ya de por si requetevistos.
Ayer sin más, opté por sentarme frente al mar tratando de vislumbrar la isla hermana, que a veces nos honra con su difuso perfil. Andaba por tales cuitas cuando  percibí, no muy lejos ubicados, a dos enamorados, precisando macho y hembra, que sin cuita alguna y habilmente enroscados, trataban de succionarse los respectivoa intestinos mediante sus organos bucales. Al separarse, para tomar el aire digo yo, aprecié sus rostros algo amarillentos, como si emergieran de quince metros de profundidad buscando oxígeno tras tamaño sacrificio impuesto, al parecer, por por su mutuo y sorbetón aprecio. Estos chicos, pensé, lo pasan mal.
Tal escena vino a recordarme otros tiempos, a los que llamaré los de los sabrosos portales. En ellos las parejas de turno  trataban de localizar aquellos tales que carecían de cierre hermético, o a realizar a altas horas de la noche, a fin de utilizarlos para el tímido ósculo o apretón de desfogue en el momento oportuno.
Bien es verdad que algunos cachondos les aplaudian al descubrirlos y más de una portera apareció escoba en ristre, para calmar la fogosidad de los protagonistas.

Evidentemente aquel romanticismo era menos, digamos profundo, pero muchísimo más divertido.-

lunes, 12 de enero de 2015

Fantasías de un nativo.

 Las alfombras de hojarasca abatida por el viento pueblan las aceras de las calles de Madrid en este
Diciembre terminal, que camina hacia el nuevo año con una lentitud exasperante.
Las estatuas de los Reyes Godos, aquellos que iniciaron la unidad de los habitantes y reinos peninsulares
en pos de la formacion de una nación, vierten lágrimas de marmol desde sus ajados rostros;  no se si
debido al frio reinante,  al lamentable estado de sus reales efigies,o quizás porque algunos olvidan que son sus descendientes. En todo caso percibo que sufren achaques sus petreos corazones.
Hace frío intenso, las gentes circulan con premura haciendo caso omiso a los vistosos e iluminados escaparates, buscan el abrigo de tiendas y cafeterías, mientras el suelo sigue poblándose de hojas abatidas
por un moderado viento. No me gusta este triste panorama que induce al desánimo, no me resigno y
huyendo de la intemperie  he decidido dirigirme hacia un cafetín del viejo Lavapiés, donde antaño paraba
un tal Isidro, un angel castizo que manejando su no menos viejo organillo, solía inundar el ambiente con
las notas de la Verbena o la Revoltosa.        Madrid....

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El color del cristal...



El cristal con que se mira.

     Paseaba sus morbideces sin complejo alguno, con desenfado y donaire, se balanceaba ligeramente al prodigar sus amplios pasos, que hacían complicado el compartir con otra persona la no muy amplia acera. Sabe que es obesa, la palabra gorda no es de su agrado, pero le da igual porque cree que compensa este agravio de la naturaleza con otras virtudes que la adornan. Es indiferente a las miradas escrutadoras de los viandantes con que se cruza, ¿qué van a descubrir que ella ya no sepa…? Su confesor y amigo, el amplio espejo de su habitación en que a diario se contempla, no exactamente desnuda, la tiene informada al detalle de cuanto precisa saber, es un examen casi diario en que se transmiten imágenes y fabrican sensaciones.

« La verdad es que estoy algo gordita, pero en cambio tengo unas cejas envidiables, es difícil conseguir un trazado tan elegante y armonioso, jamás han precisado retoque alguno, son admirables.
   También soy algo amplia de cintura y mis muslos se han rellenado un poquito en demasía.
   Pero mis pantorrillas no son tan gruesas, son fuertes y dotadas de un zapato de tacón más bien elevado, junto a una falda a rayas pueden constituir un conjunto armonioso. 
    Lo peor es el trasero, no hay forma de combatirlo, ¿pantalones…? ¡Ni hablar!, nada ajustado, quizá una falda con vuelo o en corte, más bien larga. Sí, eso, procuraré al caminar balancear mis brazos con donaire, para que se aprecien mis manos de pianista y mis perfectas uñas, que siempre llaman la atención.
Mi boca no es nada desdeñable, tal vez los labios algo carnosos, pero apetitosos. Son preferibles a esos labios híbridos que se ven por ahí, que transforman la cara en una especie de hucha. Al pintarlos puedo alargarlos un poco, ¡no me agradan las bocas pequeñas, boquitas de pitiminí..! »
    Tras el detallado examen y recorrido de su anatomía a través del espejo, casi siempre llegaba a la conclusión de que las escrutadoras miradas ajenas, eran simplemente actos de admiración hacia su persona.
« Estoy hermosa, derramo ondas de abundancia a mi alrededor, debo ser consciente de tanta gracia que me hace sentir tan feliz. Si me despojara de los casi cuarenta kilos que me sobran, tal vez no sería capaz de lanzar estas miradas tan tiernas que dirijo a los ancianos, estas caricias que prodigo a los niños, esta sensación de contemplar siempre el vaso medio lleno, ésta satisfacción que me produce el respirar hondo a pleno pulmón, ignorando las aceradas ballenas de mi ropa interior. La felicidad consiste en disfrutar de lo agradable y transformar en ello todo cuanto no lo sea.»  
     Mientras así razonaba y confortaba, su mano izquierda arrugaba con firmeza el ticket proporcionado por la báscula con su desagradable información, depositándolo después con desprecio en la primera papelera a su paso.

¡Está visto que con la moral no hay quien pueda…!                                     
                                                                                                                        

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                                                                                                                      88.-

martes, 23 de septiembre de 2014

Melones

MELONES

Es un hecho y una realidad como un pino que a partir de cierta edad, la idealización del pasado constituye una especie de recurso frente a una realidad por la que nos vemos superados. En realidad solo sabemos con certeza las cosas que empiezan a olvidarse.
Por ejemplo a veces idealizo aquellos puestos de melones, en el que sufridos campesinos bajo un acondicionado toldo verde, hacinaban habilidosas pirámides de melones. Generalmente no se situaban en zonas céntricas de las ciudades o pueblos, sino más bien en los barrios extremos por aquello de los permisos. Se trataba de una pareja que cuando echaba el ciere, incluso dormitaba sobre una colchoneta en un rincón. Se pregonaba la mercancía con voz varonil y autoritaria: “¡De Villaconejos, los traigo de Villaconejos, como el almíbar...Prueben, prueben...!”
Ella mientras tanto, cuchillo en mano , se afanaba en cortar trocitos del producto que repartía entre los concurrentes, alguna vez añadía: “¡niño vete por ahí, que ya lo has probado cuatro veces...!”
El uniforme masculino era el clásico pantalón de pana con gorra al pairo y camisa blanca y ella vestido floreado con pañuelo en la testa, un botijo colgaba en alguna parte.
Era todo un cuadro, para muchos entrañable.
Ahora cuando me dirijo a algún local del barrio y le solicito un ejemplar, preguntando con total reserva de dónde los trae, me suelta “del campo,..del campo...”.

Y encima no sabe pregonar...

J.L.G.R.