Muchas veces, la mayoría, se lanza uno a pasear por esas calles sin destino premeditado, procurando evitar
la ruta realizada el día anterior a fin de realizar la ruta más amena, no solo para solaz de la vista, sino con la esperanza de encontrar algún conocido distinto a los habituales, ya de por si requetevistos.
Ayer sin más, opté por sentarme frente al mar tratando de vislumbrar la isla hermana, que a veces nos honra con su difuso perfil. Andaba por tales cuitas cuando percibí, no muy lejos ubicados, a dos enamorados, precisando macho y hembra, que sin cuita alguna y habilmente enroscados, trataban de succionarse los respectivoa intestinos mediante sus organos bucales. Al separarse, para tomar el aire digo yo, aprecié sus rostros algo amarillentos, como si emergieran de quince metros de profundidad buscando oxígeno tras tamaño sacrificio impuesto, al parecer, por por su mutuo y sorbetón aprecio. Estos chicos, pensé, lo pasan mal.
Tal escena vino a recordarme otros tiempos, a los que llamaré los de los sabrosos portales. En ellos las parejas de turno trataban de localizar aquellos tales que carecían de cierre hermético, o a realizar a altas horas de la noche, a fin de utilizarlos para el tímido ósculo o apretón de desfogue en el momento oportuno.
Bien es verdad que algunos cachondos les aplaudian al descubrirlos y más de una portera apareció escoba en ristre, para calmar la fogosidad de los protagonistas.
Evidentemente aquel romanticismo era menos, digamos profundo, pero muchísimo más divertido.-
domingo, 19 de abril de 2015
lunes, 12 de enero de 2015
Fantasías de un nativo.
Las alfombras de hojarasca abatida por el viento pueblan las aceras de las calles de Madrid en este
Diciembre terminal, que camina hacia el nuevo año con una lentitud exasperante.
Las estatuas de los Reyes Godos, aquellos que iniciaron la unidad de los habitantes y reinos peninsulares
en pos de la formacion de una nación, vierten lágrimas de marmol desde sus ajados rostros; no se si
debido al frio reinante, al lamentable estado de sus reales efigies,o quizás porque algunos olvidan que son sus descendientes. En todo caso percibo que sufren achaques sus petreos corazones.
Hace frío intenso, las gentes circulan con premura haciendo caso omiso a los vistosos e iluminados escaparates, buscan el abrigo de tiendas y cafeterías, mientras el suelo sigue poblándose de hojas abatidas
por un moderado viento. No me gusta este triste panorama que induce al desánimo, no me resigno y
huyendo de la intemperie he decidido dirigirme hacia un cafetín del viejo Lavapiés, donde antaño paraba
un tal Isidro, un angel castizo que manejando su no menos viejo organillo, solía inundar el ambiente con
las notas de la Verbena o la Revoltosa. Madrid....
Diciembre terminal, que camina hacia el nuevo año con una lentitud exasperante.
Las estatuas de los Reyes Godos, aquellos que iniciaron la unidad de los habitantes y reinos peninsulares
en pos de la formacion de una nación, vierten lágrimas de marmol desde sus ajados rostros; no se si
debido al frio reinante, al lamentable estado de sus reales efigies,o quizás porque algunos olvidan que son sus descendientes. En todo caso percibo que sufren achaques sus petreos corazones.
Hace frío intenso, las gentes circulan con premura haciendo caso omiso a los vistosos e iluminados escaparates, buscan el abrigo de tiendas y cafeterías, mientras el suelo sigue poblándose de hojas abatidas
por un moderado viento. No me gusta este triste panorama que induce al desánimo, no me resigno y
huyendo de la intemperie he decidido dirigirme hacia un cafetín del viejo Lavapiés, donde antaño paraba
un tal Isidro, un angel castizo que manejando su no menos viejo organillo, solía inundar el ambiente con
las notas de la Verbena o la Revoltosa. Madrid....
miércoles, 5 de noviembre de 2014
El color del cristal...
El cristal con
que se mira.
Paseaba sus
morbideces sin complejo alguno, con desenfado y donaire, se balanceaba
ligeramente al prodigar sus amplios pasos, que hacían complicado el compartir
con otra persona la no muy amplia acera. Sabe que es obesa, la palabra gorda no
es de su agrado, pero le da igual porque cree que compensa este agravio de la
naturaleza con otras virtudes que la adornan. Es indiferente a las miradas
escrutadoras de los viandantes con que se cruza, ¿qué van a descubrir que ella
ya no sepa…? Su confesor y amigo, el amplio espejo de su habitación en que a
diario se contempla, no exactamente desnuda, la tiene informada al detalle de
cuanto precisa saber, es un examen casi diario en que se transmiten imágenes y
fabrican sensaciones.
« La verdad es que estoy algo gordita, pero en cambio
tengo unas cejas envidiables, es difícil conseguir un trazado tan elegante y
armonioso, jamás han precisado retoque alguno, son admirables.
También soy
algo amplia de cintura y mis muslos se han rellenado un poquito en demasía.
Pero mis
pantorrillas no son tan gruesas, son fuertes y dotadas de un zapato de tacón
más bien elevado, junto a una falda a rayas pueden constituir un conjunto
armonioso.
Lo peor es
el trasero, no hay forma de combatirlo, ¿pantalones…? ¡Ni hablar!, nada
ajustado, quizá una falda con vuelo o en corte, más bien larga. Sí, eso,
procuraré al caminar balancear mis brazos con donaire, para que se aprecien mis
manos de pianista y mis perfectas uñas, que siempre llaman la atención.
Mi boca no es nada desdeñable, tal vez los labios algo
carnosos, pero apetitosos. Son preferibles a esos labios híbridos que se ven
por ahí, que transforman la cara en una especie de hucha. Al pintarlos puedo
alargarlos un poco, ¡no me agradan las bocas pequeñas, boquitas de pitiminí..! »
Tras el
detallado examen y recorrido de su anatomía a través del espejo, casi siempre
llegaba a la conclusión de que las escrutadoras miradas ajenas, eran
simplemente actos de admiración hacia su persona.
« Estoy hermosa, derramo ondas de abundancia a mi
alrededor, debo ser consciente de tanta gracia que me hace sentir tan feliz. Si
me despojara de los casi cuarenta kilos que me sobran, tal vez no sería capaz
de lanzar estas miradas tan tiernas que dirijo a los ancianos, estas caricias
que prodigo a los niños, esta sensación de contemplar siempre el vaso medio
lleno, ésta satisfacción que me produce el respirar hondo a pleno pulmón,
ignorando las aceradas ballenas de mi ropa interior. La felicidad consiste en disfrutar
de lo agradable y transformar en ello todo cuanto no lo sea.»
Mientras
así razonaba y confortaba, su mano izquierda arrugaba con firmeza el ticket
proporcionado por la báscula con su desagradable información, depositándolo
después con desprecio en la primera papelera a su paso.
¡Está visto que con la moral no hay quien pueda…!
-------------------------
88.-
martes, 23 de septiembre de 2014
Melones
MELONES
Es
un hecho
y una realidad como un pino que a partir de cierta edad, la
idealización del pasado constituye una especie de recurso frente a
una realidad por la que nos vemos superados. En realidad solo sabemos
con certeza las cosas que empiezan a olvidarse.
Por ejemplo a veces idealizo aquellos puestos de melones, en el que sufridos
campesinos bajo un acondicionado toldo verde, hacinaban habilidosas
pirámides de melones. Generalmente no se situaban en zonas
céntricas de las ciudades o pueblos, sino más bien en los barrios
extremos por aquello de los permisos. Se trataba de una pareja que
cuando echaba el ciere, incluso dormitaba sobre una colchoneta en un
rincón. Se pregonaba la mercancía con voz varonil y autoritaria:
“¡De Villaconejos, los traigo de Villaconejos, como el
almíbar...Prueben, prueben...!”
Ella mientras
tanto, cuchillo en mano , se afanaba en cortar trocitos del producto
que repartía entre los concurrentes, alguna vez añadía: “¡niño vete
por ahí, que ya lo has probado cuatro veces...!”
El uniforme
masculino era el clásico pantalón de pana con gorra al pairo y
camisa blanca y ella vestido floreado con pañuelo en la testa, un
botijo colgaba en alguna parte.
Era todo un
cuadro, para muchos entrañable.
Ahora cuando me dirijo a algún local del barrio y le
solicito un ejemplar, preguntando con total reserva de dónde los
trae, me suelta “del campo,..del campo...”.
Y encima no sabe
pregonar...
J.L.G.R.
sábado, 2 de agosto de 2014
Recuerdos
Por el placer de volver a verla.
Tres
nubes raudas cruzaron el cielo. Nubes de forma agraciada y colorido tenue que
no presagiaban lluvia. Tras ellas, creí distinguir los rasgos de alguien
inolvidable. Un instante, pero suficiente.
Rememoré
otras épocas: Cuando aquel ángel deseándome buenas noches subía el embozo de mi
almohada para que durmiera calentito. Cuando amorosamente calmaba mi fiebre con
paños humedecidos. Cuando en tardes frías frotaba mis manos. Cuando reía sin
ganas para alegrarme..., ¡y tantos cuándos...!
Mi
vista anhelante escudriñó las alturas intentando volver a percibir su imagen,
solo por eso, por el título:
Por el placer de volver a verla.
lunes, 21 de abril de 2014
VISIÓN
Visión.
Me he detenido en la sexta planta, abandonando la
escalera mecánica.
Acababa
de salir del Aula Cultural del C.I. tras finalizar la sesión del día
y retornaba a mis lares con cierta premura, pero me he cruzado en la
escalera con alguien que era clavadito yo mismo, incluso portaba un
libro en la mano, como suelo hacer. Me quedé sorprendido, comprobé
que yo ahora no llevaba nada. Reaccioné rapidamente y volví al
Aula, allí descubrí el libro, justo donde yo había estado sentado.
Lo tomé emprendiendo nuevamente el descenso. Mi doble había
desaparecido.
Es
que antes no había salido del todo....
jueves, 10 de abril de 2014
El placer de no hacer nada...
He
aquí una expresión que nunca he podido comprender, ¿ cómo puede
uno/a , sentir placer por no dar un palo al agua?. Entiéndase de
provecho.
.-
¿Cuánto tiempo sin verte, a qué te dedicas ?...
.-
Pues a nada, no hago absolutamente nada.
Siguiendo
la conversación me explica que ya está bien de madrugones, de
estudiar como si uno fuera a escribir una enciclopedia, de trabajos
ingratos, de intentar tener más poder adquisitivo, cuando en
realidad si más tienes, más quieres, de sinsabores, etc… Ya es
hora de pasar factura y dedicarse a eso, a no hacer nada.
Bueno,
las afirmaciones contundentes nunca fueron para mi plato de buen
gusto, comprendo en parte su postura pero discrepo.
Una
vez me contaron que un antiguo domador de animales retirado, hacía
en ocasiones que sus decrépitos perros saltasen a través de unos
aros, en posición que requería poco esfuerzo. Día tras día les
hacía practicar su antiguo ejercicio, en condiciones mucho más
sencillas, y a su término les premiaba con alguna golosina.
Preguntado
por esta ya inútil práctica, respondió.
.-
Yo hago ver a mis perros que aún les necesito y ellos que lo
comprenden se sienten orgullosos de seguir siendo útiles para su
amo, de esta forma evito caigan en la abulia y prolongo su vida. ¿Ha
observado usted el último, que a veces se trastabilla un poco…?.
Pues bien, es que además se está quedando ciego.
Ante
la contundente y edificante argumentación de esta narración, quedé
para siempre convencido de que la actividad es muy importante, lo es
hasta para los canes.
Bien
es verdad que ya las obligaciones han pasado a segundo término, pero
hay muchísimas cosas que a lo mejor no pudimos o supimos hacer en su
momento y ahora es la ocasión, se trata de convencer a sujetos como
el descrito en primer lugar y aunque no sea del todo cierto decirle:
.-
Pues mira a mi no me da tiempo a nada. Entre lecturas variadas,
escribir alguna cosa, acudir a menear el esqueleto por ahí, asistir
a conferencias, visitar a algún amigo y desafiar al maldito
ordenador, que siempre me da una paliza al ajedrez, no paro.
Hay
que rechazar con rotundidad el epígrafe expuesto y no tener una
actitud inferior a los perros del domador, pues algo de utilidad
haremos donde menos se piense.
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